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Educacion y Salud Mental - EMOCIONES INTELIGENTES Y TRASTORNOS DE PERSONALIDAD - Salud Mental - Artículos
Salud Mental : EMOCIONES INTELIGENTES Y TRASTORNOS DE PERSONALIDAD
Enviado por DrMedina el 07-02-10 / 18:13 (913 Lecturas) Artículos del mismo redactor

Tener capacidades emocionales inteligentes significa ser capaz de manejar las emociones para lograr mejorar su...
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desarrollo personal y su calidad de vida; es decir crea mayores posibilidades afectivas entre las personas, hace más cooperativo el trabajo y facilita el sentimiento de comunidad. Es indudable que tenemos que aprender a manejar nuestras emociones (recuerden que el conocimiento es el instrumento hacia la salud mental) para poder comprenderlas, manifestarlas y controlarlas. Si logramos reconocer nuestras emociones y sentimientos, las podemos operar de manera productiva, y así es posible un mejoramiento de nuestro proceso afectivo propio que culminará en una personalidad equilibrada. Ser emocionalmente inteligente significa conocer las emociones esencialmente propias discriminadas de las ajenas, pues quizás éstas fueron orientadas por otras personas significativas en nuestro desarrollo familiar. Esta diferencia nos permitirá desarrollar habilidades emocionales que nos permitan manejarlas. O sea, el aprendizaje consiste en una auto-conocimiento que nos consentirá como expresar nuestros sentimientos, cuando hacerlo y como afectarán a los demás, y hacerse responsable de los mismos mejorando su capacidad de relacionarse con el otro, maniobrar las emociones tanto positivas como negativas, reconocer sus propios errores y enmendarlos para actuar en sociedad. Como ven, son parte (aunque faltan varias otros) del proceso de maduración para llegar a la personalidad adulta, es decir a una vida independiente, autónoma y responsable. Ya estaremos, entonces, en condiciones de interactuar en sociedad.
Pero que pasa con nosotros cuando esto no ocurre. Aparecen los Trastornos de la Personalidad, que son rasgos de carácter y patrones de conducta persistentes e inadecuados y que determinan dificultades en el funcionamiento interpersonal y ocupacional de quien los padece. Se configuran cuando se instauran patrones persistentes y rígidos en las formas de percibirse uno mismo, de relacionarse emocionalmente y pensar sobre sí mismo y el entorno, que se manifiestan en una amplia gama de contextos sociales y personales. Cabe destacar que si esto no ocurre tendrá como consecuencia el deterioro funcional y/o un malestar subjetivo significativo de la persona sufriente.
La conducta de estas personas se torna inadecuada en la mayoría de las veces por una anómala respuesta al estrés, generador de limitaciones en las esferas laboral, social y sobre todo, interrelacional. Por lo general estas limitaciones son mayores que las atribuibles a los trastornos de tipo “neuróticos”. Su particularidad conductual repetitiva y auto-perjudicial, es por lo común irritante para los demás ya que se muestra en acciones, no como otras afecciones que quedan como percibidas internamente en la esfera psíquica. El propio sufrimiento emocional es percibido por ellos mismos como algo inevitable, en lugar de como un factor que se debe aprender a evitar. Si se pretendiese ampliar esta diferencia diríamos que los síntomas del paciente “neurótico” repercuten en su propio perjuicio y sufrimiento, es decir lo sufre él mismo y nadie lo nota. A diferencia de los síntomas del paciente que padece un trastorno de personalidad, que repercuten en los demás y son plenamente aceptados por el ego del paciente (solamente lo sufre quien se interrelaciona). Carrasco Pereda lo ilustra estupendamente diciendo que el “malestar del "neurótico" es como una chinche en el zapato (solo lo nota él mismo), en cambio el malestar del que padece un Trastorno de la Personalidad es como el aliento a ajos (solo lo notan los demás)”. Reconocemos que nuestras emociones nos conducen a actuar de determinada manera ante situaciones difíciles de presiones personales, laborales, etc., puesto que las emociones juegan un fuerte papel en la vida del hombre. Si las emociones superan a las personas no les permiten relacionarse consigo misma y con los demás adecuadamente. Pero el auto conocimiento y el de los demás, hacen que logren relacionarse de una manera más conveniente y aceptar las diferencias entre los integrantes de una sociedad. Para terminar y siguiendo a Labaké, las sugerencias para vivir “la revolución de la sensatez” pasa por temas cruciales como que el ser humano es una naturaleza cultural (como me relaciono con las personas, mis pensamientos y las cosas), y la persona humana es un ser racional que es-siendo-con-los otros, pero como no hay racionalidad aséptica esta está “contaminada” con afectividad. Como decía Descartes “cuerpo y espíritu”
DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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