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Educacion y Salud Mental - LOS INTELECTUALES Y LAS EMOCIONES TORMENTOSAS - Comentarios - Artículos
Comentarios : LOS INTELECTUALES Y LAS EMOCIONES TORMENTOSAS
Enviado por DrMedina el 12-01-10 / 9:19 (785 Lecturas) Artículos del mismo redactor

De hecho existimos muchas veces en posición de irreflexivos por gente que enuncia certezas inalterables y...
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hasta alza la voz para “darnos lecciones y recordarnos que la historia comienza con ellos”, y que han sido llamados a reparar la suma de los errores ajenos. Soberbios, vanidosos y hasta envidiosos y celosos. Pero estamos realmente extenuados por este tipo de personas de las que siempre saben como son las cosas, y como resolverlas. Pero lo que en realidad precisamos social y políticamente es gente que, sin declinar a lo que profesa sepa agregar en lo propio, los fundamentos y estilos del pensamiento del otro, gente que sepa por instantes suspender la inexorable aceleración hacia la estupidez que afecta a los que desconocen que no son portadores de la verdad, al decir de Valiente Noailles. Habla en nombre de la verdad y se declina en un dogma. Pero ningún dogmático se reconoce como tal. Se presenta en sociedad con fundamentos y principios. Lo que es inmovilidad y encierro intelectual se justifica en nombre de lo que se llama coherencia. Un buen ámbito para ejercer el arte del pensamiento es aquel compuesto por personas que tengan ponencias radicalmente enfrentadas pero que al mismo tiempo estén motivados para una disponibilidad no sólo a los intercambios sino a los cambios de puntos de vista, alertas ante las trampas de la certeza y buena recepción de los errores. Sabemos que no hay pensamiento sin discusión, y la discusión nada tiene que ver con la expresión de una franja de replicadores que no renuncian hablar el uno al otro. Pensar no es instalar un obstáculo a la interacción entre las personas. No todo el conocimiento se reduce a una forma de pensamiento obstacularizadora, ya que siempre es más de aspectos edificantes o constructivos, sostenido en saberes que orientan a la acción productiva. Siempre un sistema de saberes se legitima por los supuestos éxitos de su práctica, y protege lo adquirido con una metódica que le permite establecer exclusiones para defenderse ante lo extraño como supuestamente lo absurdo, o el delirio o la palabrería. Con el pensar estamos haciendo solo un trabajo intelectual, que por tradición disfruta de la intensidad de los debates de ideas y de los cruces de vocabulario. Pero no todo es placentero, ya que a veces aparecen las vanidades, envidias y celos, que también están en juego, como el dominar que es agradable, o el ser vencido como odioso. Y aquí quiero ampliar la emoción envidia, ya que todo pensamiento para que sea significante va seguido de una emoción, aunque aquí se trate de una emoción torturante. La envidia definida como la angustia vivenciada por una persona cuando registra que no posee algo que el rival sí lo posee, con el agregado que siente que nunca lo va a poder tener. Es la última de las emociones que cualquier persona asentiría, no solo ante los demás, sino inclusive ante sí mismo. Lo que no se da cuenta el envidioso es que su envidia sufrida enaltece al envidiado. Como el dolor odioso de una comparación de la que se sale perjudicado, puede ser transformada en una emoción más soportable para la imagen de sí, de su autoestima. Entonces se transforma en otras inquietes disimuladas por otras emociones tan tormentosas como ella como son los celos, el resentimiento y la indignación. Hemos sufrido décadas dedicadas a des-cerebrar la historia. A suplantar el imaginario de base por uno de plástico. Nada que pensar. Nada que sentir. La televisión que en un comienzo era considerada una caja mágica, se desvió de caja tonta a caja tóxica. Hoy muchas veces decide donde debe suceder la realidad. Es el artefacto doméstico que más nos domestica. Nos manipula el nosotros. Des-cerebra.
Claro que si todo fuera así ¿Qué hacemos con nuestras emociones destructivas, nuestros supuestos pensamientos obstaculizadores, o con ciertas personas con certezas indiscutibles, o con la televisión perjudicial? Tenemos que re-significar los inventos que supuestamente nos des-cerebran, y que, si bien nos contactamos a menudo con los “einstein”de los pensamientos, también siempre hay gente con quien enriquecemos mutuamente nuestros conocimientos. Yo les recomiendo que siempre averigüen algo en las cosas o en las personas, y descubrirán que en una parte más ínfima todas tienen, quizás, más valores que todo lo que exponen: y es el conocimiento de qué es la verdad, es decir la ciencia verdadera.

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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