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Educacion y Salud Mental - LA PSICOPATÍA DE LOS POLÍTICOS - Salud Mental - Artículos
Salud Mental : LA PSICOPATÍA DE LOS POLÍTICOS
Enviado por DrMedina el 09-07-09 / 11:56 (487 Lecturas) Artículos del mismo redactor

Nada de lo humano tiene que sernos extraño. Lo que ocurre es que varias veces nos encontramos con personalidades y grupos...

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manipulados (manejados por el otro), ya que hay en ciertas personas o conjuntos de personas símbolos, signos y señales que nos llevan en ese sentido. Allí es difícil encontrar, como profesionales, el modo o el método adecuado para intentar corregir dicho trastorno. ¿Qué es lo primero que pasa? El manipulador (psicópata) tratar de canonizar todo acto como banal, ya que no es conveniente para él. No hay pregunta que nos persiga más en esos momentos, que la que buscamos saber quien tenemos enfrente y que nos deparará las entrevistas futuras. Podemos tener la oportunidad de cotejar distintas maneras de definir al psicópata y verificar que la definición de esta categoría clínica no es unívoca sino heterogénea. Dentro de sus amplios márgenes, sin embargo el psiquiatra Dr. Marietán, ha acordado en la necesidad de distinguir un grupo psicopático cuyos rasgos distintivos, reúnen la locuacidad, falta de remordimientos o culpa, afectos superficiales, transgresiones continuas, falta de empatía y renuencia a aceptar responsabilidades. Hay proposiciones que este conjunto de rasgos constituye el núcleo de la psicopatía, la cual, en consecuencia, puede o no estar asociada a lo antisocial. De este modo, podemos distinguir el psicópata propiamente dicho, o psicópata puro por un lado, definido por sus talentos o capacidades, del sociópata definido fundamentalmente en el eje de la conducta delincuencial o antisocial o destructiva, por el otro. Una cosa es el antisocial que en sus actos utiliza la violencia y la coerción contra la voluntad del otro, y otra distinta es el psicópata que para ese mismo acto logra obtener, con una habilidad notable, la colaboración, o por lo menos el consentimiento de la voluntad del otro, cautivos de su habilidad. Conviene desplazar el término víctimas ya que sus connotaciones habituales aluden a su pasividad y destacan que si llegan a quedar ubicados en esa posición es más bien por razones contingentes. Es decir que mi opinión es afirmativa, en cuanto a destacar la participación activa del complemento (víctima) del psicópata, “la supuesta” víctima es en realidad coautor de su acción. El verdadero psicópata, el genuino, es el que la usa en un juego sutil de promesas o expectativas a través del cual logra obtener el consentimiento del otro. En este punto no podemos omitir una reflexión sobre el rasgo que ha sido clásicamente descrito en la psiquiatría como la cosificación del otro individual o colectivo: no respetar sus derechos, no tratarlos o considerarlos como sujetos, sino como objetos al no interesarle que sienten o que piensan. En este sentido he de formular dos observaciones aparentemente contrarias. Por una parte, que el psicópata tiene una empatía (ponerse en el lugar de…) muy especial con el otro u otros, que le sirve para detectar sus necesidades sofocadas, sus debilidades y tentaciones, los lugares de su angustia, y que es justamente desde esta posición de empatía y de identificación con el otro que obtiene el lugar desde donde puede operar sobre ellos, es decir, es la que le otorga y le permite sus grandes habilidades y su posibilidad de manipulación. El ejemplo más claro por parte de políticos, es la persuasión y seducción al sector más pobre y carenciado de instrucción del pueblo, para que vote a quien él desea manipulando sus conciencias. Probablemente no todos pueden llegar a ser partenaire, ya que algunos disponen de sistemas defensivos que les impiden implicarse en ese tipo de lazo.
¿Por qué hago toda esta introducción? Ante nuestra realidad política, tendríamos que
erradicar los vicios más que corregir o emparchar errores, esa debería ser la conducta al son de los resultados comiciales. Ya desde mi posición de médico especialista en Salud Mental, diría que la similitud de estas actitudes de los políticos se mimetiza con la labor cotidiana en el consultorio: escuchar con responsabilidad y concentración el discurso del paciente (o del pueblo), comprenderlo y luego intentar modificar las distorsiones en las conductas que provocan las necesidades, buscando las causas o reevaluando las conductas y decisiones anteriores, donde su aplicación no hubieran sido las adecuadas, o quizás disonantes con los deseos manifiestos del ciudadano o la población en su integridad.
Probablemente se encuentren otras categorías clínicas que contribuyan a que cierta ciudadanía se adhiera a la legión de complementarios del psicópata. Sin embargo, no hay trabajos que describan esta diversidad. Detectarlas y definir las motivaciones y el modo por el que entran en ese tipo de relación, constituye una tarea de sumo interés para las investigaciones clínicas de estas psicopatías, ya que redundaría en advertir futuras posibles distorsiones en ciertas interacciones sociales y políticas, que invariablemente concluyen en sufrimientos individuales o colectivos.

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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