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Educacion y Salud Mental - LA PASION NEGRA: MELANCOLÍA - Salud Mental - Artículos
Salud Mental : LA PASION NEGRA: MELANCOLÍA
Enviado por DrMedina el 03-06-08 / 13:36 (425 Lecturas) Artículos del mismo redactor

Tenemos que comenzar a pensar todos que para una salud mental apropiada se necesita más que un cerebro sano o una...

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genética apropiada o un balance proporcionado de todos los sistemas del organismo. Y en esto estamos de acuerdo todos los especialistas, que además se necesitan condiciones sociales adecuadas, ambiente de interacción grupal de afecto y contención, necesidades básicas satisfechas e ideales personales y sociales indisolubles. La grieta de cualquiera de estos condicionantes estimula la patología mental. Los escenarios culturales desfavorables llevan a un desequilibrio, por que se pierden mecanismos de control, y esto lleva a la expresión de vulnerabilidad, como las distintas maneras de expresar melancolía, que en términos médicos está calificada como Depresión Mayor, para diferenciarla de la Depresión Menor que engloba todas las otras depresiones menos significativas. Y esto es innegable. Hoy decimos que todos los cuadros depresivos son enfermedades biológicas y sistémicas, pero con indudable gatillo y repercusión psico-social y viceversa, ya que las presiones sociales implican también en nuestro organismo. Esto va mucho más allá del cerebro, es decir que involucramos ahora en la depresión todos los aparatos del organismo, afecta al cuerpo en su totalidad, como si fuera neuro-tóxica y neuro-degenerativa en su progreso, porque incapacita desde el inicio, debido a la minusvalía que produce en el cuerpo en su conjunto. Y toda esta alteración interacciona con el contexto.
Por eso cada uno de nosotros tiene su melancolía propia, con su propio tinte o estilo de expresión, y con el propio estilo de reacción del entorno. Pero como siempre, y es muy humano, buscamos decodificar ese sentimiento en la mente; jugaremos a desentrañarla entrando cada día más en el pasado, en nuestro propio pasado, y a veces la vemos bastante lejos en el horizonte de la memoria, “tragada cada vez más por la bruma”.
Pero la verdadera delicadeza de este sentimiento está, más bien, en la imposibilidad de recuperar lo perdido nunca más, porque ya fue, pero intentamos “recuperar su presencia” a nuestro lado. Algunos ejemplos nos permiten ver con más claridad: el dolor frente al abandono amoroso o visto desde la ausencia obligada de las mudanzas o exilios, y en los dos casos, ser amado o ciudad lejana, se trata de sentimientos que más allá de la melancolía que lo engendra, va a veces hacia el entusiasmo romántico. Es entonces cuando nuestra idea de la felicidad interrumpida aleja de la memoria todo defecto en aquello que perdimos, que más bien resplandece con el esplendor del recuerdo de la exquisitez. Un sentimiento de dolor ante algo que la memoria busca infructuosamente recuperar, y de esa búsqueda solo queda el fruto de la melancolía, como aflicción espiritual. El amor melancólico por una ciudad, por ejemplo, transformado en necesidad. Al fin y al cabo viene a ser una manera “dolorosa de felicidad”, una “pasión negra”como el “derrame de la negra bilis que ensombrece los rostros, según los viejos cánones médicos de los griegos, para explicar los malestares del alma como resultado de alteraciones de los humores del organismo”.
Como ustedes ven, ya no podemos sostener solamente el dualismo mente/cuerpo si estamos hablando de seres humanos en interacción y en un contexto. La posición actual sobre la dualidad cartesiana es que el cerebro humano y el resto del cuerpo constituyen un organismo indisociable, indivisible e integrado mediante circuitos regulatorios nerviosos y que el organismo interactúa con el entorno como un conjunto. La mayor complejidad de esta interacción radica en el hecho del hábitat. Conciente de esto, Ortega y Gasset, se atrevió, allá por las primeras décadas del siglo pasado, a significar “al hombre y las circunstancias”. Estaba diciendo que la mente surge como parte del cuerpo para poder integrar lo que siento y pienso con como actúo desde y hacia el medio ambiente con el cual me vinculo.
Superado el problema de la dualidad mente-cuerpo, brota el cuestionamiento de ¿donde ubicar el espíritu? El espíritu o la energía vital para otras concepciones, es al parecer de la psiquiatra Lope Mato con quien comparto sus aseveraciones, un producto que trasciende esta integración. “Cuerpo, mente, espíritu en el orden que cada uno quiera darles acorde con su sistema de creencias, están indisolublemente integrados en mi persona como ser único e irrepetible”. Yo soy persona por lo que siento, por lo que pienso, por lo que actúo y por lo que creo o dejo de creer.
Los psiquiatras de todos los siglos, debemos tener capacidad de escucha, capacidad de comprensión, capacidad de empatía y por supuesto capacidad de diagnóstico y conocimientos actualizados terapéuticos. Por eso, “escuchando” a un poeta oriental, me permito cerrar este comentario a través de una frase del mismo, a manera de estímulo para toda persona con melancolía:
Dile por fin adiós a lo perdido que se marchó,
sobre todo no te engañes y no vayas en su oscura busca,
porqué todo fue un sueño que, en algún momento, confundió tu oído.
DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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