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8 febrero, 2014

NUESTRA CULTURA Y EL DEPORTE

LIC ELENA FARAH

En nuestra socio-cultura “lo deportivo” es best-seller. Hay una inundación reduccionista (¿contrasentido?) de lo deportivo considerado como espectáculo competitivo. Pese a esa inundación-espectáculo de “lo deportivo”, ¿Es nuestra sociedad deportiva? ¿Hay en nuestra competencia cultural una convivencia asentada en la visión de lo deportivo, diseñada anteriormente? Parece que no. Es evidente que no.

Nuestro “deporte” espectáculo tiene mucho de competitividad, de alienación, de tótem mítico. Es una derivación de aquello que debiera ser. En una representación intuitiva de apoyo piramidal, podemos imaginar el juego de poderes de la educación física, el deporte, el deporte profesionalizado, el deporte de élite.

La pirámide se estrecha desde la amplitud de los ciudadanos, hasta la representación de los de la élite, que a su vez, por los mecanismos establecidos inundan y dominan los intereses y los deseos de los ciudadanos. El deporte no se vive desde los ciudadanos como proyección educativa de las propias posibilidades, sino que se vive como espectáculo montado al que se asiste de invitado. Es el gran fetichismo (dirigir la libido hacia un objeto amado) de nuestra cultura. Siguiendo a Malinowski, pedagogo social, en el análisis del cambio de cualquier grupo humano, la manera mas certera de trastocar lo establecido en una cultura, consiste en acertar con el objeto(fetiche) que centra todos los esfuerzos y provoca la supervivencia del grupo. En una tribu puede ser el hacha, pues ella provoca goce al poder cortar árboles, hacer barcos, salir a pescar y pueden generar poder. En nuestra cultura, el “hacha” es el “deporte”-espectáculo, como puede ser “Fútbol para Todos”. ¿De donde emerge ese poder? ¿Es política lo que anima esa dominadora presencia? ¿Qué caracteres otorga a otros ámbitos de la cultura? ¿Por qué tanta efervescencia del “deporte” como espectáculo? Se proponen dos razones complementarias: a una simbiosis actores –espectadores que por ser un juego, son experiencias primarias (del desarrollo infantil). El deporte, que de alguna manera resume muchos de los aspectos de las experiencias infantiles, también es mensaje primario para el ser humano. Comunica ineludiblemente: porque lo deportivo llama fácil y poderosamente la atención a las personas, que es la primera función necesaria para la comunicación: llamar la atención. O se vive el deporte o se siente nostalgia de no vivirlo. Esa nostalgia es el fundamento antropo-psíquico que se aprovecha para montar fácilmente cualquier cosa sobre lo deportivo. El espectador busca identificarse con el actor, quisiera ser él mismo: por la estética del cuerpo en movimiento, del ritmo, de la postura inédita y sorprendente o de la plasticidad aérea.

b-la ampliación mediática de los medios de comunicación, extrapola la presencia de todo lo que se refiere a las llamadas noticias de lo “deportivo”, lo vemos a diario: una inundación permanente de noticias sobre declaraciones, intereses, proyectos, afanes, futuros encuentros, “dimes y diretes”…Además se hace desde un planteamiento “convincente” que no escatima medios regalos, premios, viajes…El caso es no perder la multitudinaria audiencia que se ha entregado a la esplendorosa escenografía del espectáculo. Detrás de todo esto está el dinero, porque tener prendida a la ciudadanía del mundo del espectáculo “deportivo” es un gran negocio:-fácil dinero para publicidad y mantenimiento de la competencia de mercado.-fácil pasatiempo de las exigencias de realización inconsciente de los ciudadanos.-aparente modernidad y puesta a punto de los medios de diversión y de ocio de una sociedad que se precie.-fácil argumento de distracción constante, lejano de otras consideraciones y problemas de la vida cotidiana. Los espacios deportivos tienen la fuerza de lo ritual, de lo magnifico, cierta “cortina de grandeza” que envuelve y  transforma la vida cotidiana: las banderas, la luminosidad, la tecnología, el misterio de lo imprevisible, genera ambiente de fiesta. Lo más curioso es que luego de desencadenar tormentas hay rasgaduras de conciencia por la violencia durante días y después se pretende, a “base excepcionales medidas de seguridad”, controlar y que todo vaya por los cauces normales ¡Cuanta hipocresía!

Mumford manifiesta que esta tergiversación del deporte en el mundo del espectáculo, revela decadencia de nuestra sociedad alienada y manipulada por los fetiches, sutilmente generadores de imágenes de otro presunto y engañoso sentido. Para otros, el espectáculo deportivo es una “máquina de catarsis”, como una domesticación de la agresividad del individuo. Los juegos Olímpicos válidos son los de la participación ciudadana y los de la posibilidad real de sentirse pleno, sano y realizado, en hacer y vivir deporte con los demás: como actor no como espectador del mito. ¿Será una utopía?

 

LIC ELENA FARAH

 

 

 

 

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