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18 diciembre, 2012

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LA IMPORTANCIA DE CAMINAR HACIA UNA JUSTA EDUCACI√ďN

LIC ELENA FARAH

Aquellos que se indagan de qu√© sirven las ciencias sociales, deben persuadirse de la utilidad de la sociolog√≠a para construir una justicia educativa. La sociolog√≠a no radica solamente en evidenciar la sociedad injusta, desigual y asfixiante, tampoco consiste en proponer un modelo perfecto, sino que ella puede aportar a tornar el mundo un poco m√°s justo y m√°s vivible. ¬ŅPor qu√© digo esto? Porque afirm√°ndose en conocimientos poco debatibles, las ciencias sociales pugnan por exponer que se puede construir una mejor escuela sin esperar una transformaci√≥n fundamental, intensa y un poco prodigiosa de la sociedad. Construir justicia educativa se opone a la desesperanza de aquellos que piensan que la escuela no puede ser convertida sin que la sociedad toda sea antes transformada. Desde esta perspectiva se abre una esperanza apoyada en la cr√≠tica, la sabidur√≠a y el arrojo de cambiar, en la pr√°ctica, el orden de las cosas.

Desde ya, las condiciones sociales no son favorables para la formaci√≥n de una escuela eficaz y justa. Las desigualdades sociales se ahondan. Las familias m√°s pobres conocen dificultades tan intensas que muchas veces esperan de la escuela una ayuda social m√°s que educaci√≥n. Los docentes han sido mal formados y mal pagos durante un largo per√≠odo. Las desigualdades educativas se expanden con la concentraci√≥n de alumnos favorecidos en las buenas escuelas y los barrios ricos. M√°s profundamente a√ļn, la cultura de masas y la cultura juvenil le dan la espalda a la cultura escolar y proponen en general valores hedonistas que van contra la educaci√≥n escolar. Obviamente, tambi√©n el desempleo end√©mico conduce a muchos alumnos a preguntarse si la escuela es realmente √ļtil. Y hace falta cierto coraje para decir que la escuela del propio pa√≠s es m√°s desigual y m√°s d√©bil que la de pa√≠ses vecinos que no cuentan con condiciones sociales mejores, y a veces incluso, que sufren condiciones sociales a√ļn peores. Ahora hay cosas que sabemos y que los responsables pol√≠ticos y sindicales no pueden fingir ignorar. Por ejemplo, sabemos que la calidad de la formaci√≥n de los docentes juega un rol decisivo en los resultados y la equidad de la escuela.

Sabemos que es posible regular el ‚Äúmercado‚ÄĚ educativo para que los m√°s pobres no sean siempre sus v√≠ctimas. Sabemos tambi√©n que los pa√≠ses que tienen los mejores resultados educativos en t√©rminos de calidad y equidad son aquellos que tuvieron la capacidad program√°tica y pol√≠tica de reformar su sistema educativo. A partir de esta constataci√≥n, construir una justicia educativa no propone el modelo de una escuela una escuela mejor y m√°s justa, para favorecer a los ni√Īos m√°s necesitados. Debemos hacer que la escuela sea ‚Äúm√°s escuela‚ÄĚ y menos contenedora de pobreza para eso existen otras instituciones pertinentes gubernamentales que deben cumplir con su rol de erradicar la pobreza. Sino transforman la escuela en un servicio social, en un eslab√≥n del trabajo social y de la lucha contra la pobreza perdiendo de vista los objetivos puramente educativos. Antes de actuar, hay que definir los fines de la acci√≥n. ¬ŅQu√© se debe privilegiar para lograr este objetivo? Entre tantas acciones nombrar√≠a algunas: una ser√≠a privilegiar la igualdad y el reconocimiento de las singularidades culturales y sociales. Por ejemplo, entre otras cosas, para conciliar la igualdad, se deben redefinir sistem√°ticamente los contenidos conceptuales que deben estar en simetr√≠a con una sociedad en la que est√° inserta la escuela y que marca l√≠neas de trabajo, ya que la escuela reproduce el imaginario de la cultura en la que est√° inserta. Esto trae como consecuencia saber jerarquizar los saberes que hoy necesita el alumno. No podemos dejar de nombrar al padre de la sociolog√≠a, Max Weber, cuando expresa que la √©tica de la responsabilidad y la √©tica de las posibilidades, es moralmente superior a la √©tica de la convicci√≥n, aquella que no se preocupa de sus consecuencias pr√°cticas. El dise√Īo de la curricula para cada instituci√≥n debe ser privilegiada, para poder a partir de all√≠ seleccionar estrategias de trabajo y procedimientos. Para lograr estos objetivos no podemos dejar de mencionar, que sin una profunda reforma de la formaci√≥n de los docentes, sin un desarrollo de su profesionalismo, sin la construcci√≥n de condiciones de trabajo favorables y sin una mutaci√≥n de la concepci√≥n que los docentes tienen de su oficio, la escuela no ser√° ni m√°s justa ni m√°s eficaz. Despu√©s de haber le√≠do este comentario, ninguno entre nosotros podr√° decir que no sab√≠a lo que era justo hacer y c√≥mo hacerlo.

 

LIC ELENA FARAH

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