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8 octubre, 2011

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ALGUNAS REFLEXIONES PARA VIVIR EN PAREJA

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

Se puede transitar por la historia y pararnos en cualquiera de sus etapas, vamos a ver que en cada una de ellas se derrumbaron, en las últimas décadas, los grandes relatos familiares; es que hubieron tradiciones europeas que guiaron el ideario de nuestra forma de convivir. Pero las dificultades en la convivencia, nacen a partir de la propia naturaleza humana que se inclina a descansar las pretensiones del narcisismo (amor propio) infantil, arrogante y prepotente en su conflicto con otros semejantes que tienen idénticas pretensiones. La necesidad de convivir exige a todos a fiscalizar ese aspecto de su amor propio, para convertirlo en un narcisismo socialmente adecuado, inteligente a sobrellevar la frustración, a respetar al otro, a colaborar con él y a ser solidario. Pero, al mismo tiempo, se compite perseverantemente para conseguir un poder tal, que les permita aliviar los controles e imponer a los otros sus caprichos. Nuestro discurso cultural habitualmente esconde, con exquisita hipocresía, lo que algunas de nuestras actitudes involucran. Se forman así dobles mensajes, que muestran el poder de la inteligencia humana: la capacidad de elaborar explicaciones a favor o en contra de lo que fuere. La competencia del amor propio, que lucha por el poder y por la sumisión incondicional de los demás, puede cambiar lo cotidiano de la persona en hostilidades sin cuartel. La soledad, en algunos momentos es necesaria y por lo tanto buscada y aspirada es, en general, muy temida y de efecto inaguantable para ambos si se extiende por mucho tiempo. Si pensamos que la convivencia es difícil en general, ¿Podemos pretender que en la pareja la convivencia sea una tarea fácil? ¿Qué se entiende por difícil y fácil? Es difícil la que causa frustración y eleva la ansiedad y la discordia, un círculo vicioso de miedo y rabia en las personas que intervienen. Es fácil la convivencia cuando hay confianza mutua y los dos satisfacen las perspectivas de apoyo, comprensión y solidaridad. Durante el enamoramiento la ilusión de completud contiene una confianza extrema; pero es casi imposible conservarla durante mucho tiempo. En la realidad percibimos en la consulta, es que siempre hay problemas en la convivencia; lo que la pareja aspira a conseguir es algo que en su fantasía cree posible: que una convivencia habitual pueda llegar a ser fácil. El conflicto entre la necesidad de respetar al otro y el deseo de menospreciarlo, debería resolverse con el triunfo del respeto. Pero a todas las personas les cuesta respetar a los semejantes. ¿Qué se pretende de la pareja? “Difícil” no representa “imposible”. Si una pareja pone la voluntad necesaria y provechosa, puede lograr muchos momentos de una convivencia amable y agradable: si realmente lo quiere, porque es un logro posible. Tienen que tener conciencia que es un esfuerzo constante el lograr el respeto mutuo. La necesidad de recibir el reconocimiento positivo de un semejante convierte al “animal humano” en una “persona social”. La necesidad de ser valorado por alguien que, a su vez, es importante para uno, podrá tomar diferentes categorías a lo largo de la vida, de acuerdo a los cambios que las diversas circunstancias van imponiendo, pero creará una fuerte dependencia entre los miembros de una comunidad. La dependencia cambia su intensidad y su naturaleza de acuerdo a los roles que conforman los vínculos sociales dentro de una comunidad. Es muy diferente la expectativa de ser reconocido por un padre que por un chofer de un colectivo. La necesidad de ser reconocido positivamente rige en todas estas circunstancias pero, al cambiar la intensidad, la naturaleza y la duración del vínculo, cambia también la expectativa del reconocimiento. Dos personas forman una pareja. Mientras esta pareja continúa siéndolo, ambos son sujetos y objetos demostrativos mutuos. La autoestima de cada uno depende del reconocimiento que ceda y conquiste. La dependencia es tanto más intensa cuanto más dure el vínculo. En mi práctica profesional, observo que la necesidad del reconocimiento que crea esta dependencia, es la razón principal de la constitución de cualquier pareja, ya que lo que a uno lo motiva es la ilusión de contar siempre con la valoración del otro. En el caso de una pareja que tiene la intención de formar una familia, el reconocimiento aumenta la dependencia mutua. Es fácil negar la dependencia que el vínculo de pareja va creando e intensificando con el tiempo. Lo que crea roces a partir de esa dependencia es el abuso que se tiende a hacer del poder que se otorga. La propensión al abuso de poder es universal. Mantener el control de la conducta (respetar al otro, en lugar de despreciarlo) para una mejor convivencia, es un gasto de energía que resulta frustrante para nuestra parte infantil prepotente, si no recibe una respuesta pronta y adecuada. La recolección de frustraciones puede exaltar la tensión a niveles difíciles de tolerar. Todo poder es tan frágil como un castillo de arena al paso del tiempo, pero, mientras dura, es una temible tentación disfrutar del placer que produce su abuso, ya que libera al sujeto de la exigencia social de controlar su conducta hacia los demás.

En mi práctica profesional ¿Cómo abordo terapéuticamente una pareja? Intento resolver los problemas que surgen directamente de la convivencia, que es saboteada por el narcisismo arrogante infantil, prepotente y descontrolado que “contamina” el vínculo. Es decir literalmente “descontaminar lo infantil de la relación”. El tratamiento consiste en que intenten lograr controlar ese narcisismo, para cambiarlo en un narcisismo socialmente adecuado, que en la pareja significa respeto y reconocimiento mutuo a las necesidades narcisistas del otro.

 

 

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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