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10 junio, 2019

La arquitectura del deseo

En su libro Las arquitecturas del deseo, el filósofo español José Antonio Marina describe a esta poderosa fuerza como el gran motor del ser humano. Lo define como “una etapa de transición, entre la pulsión -presente en todo el reino animal- y

el proyecto, que es cosa del todo nuestra”. Señala que “todos los organismos están lanzados hacia el futuro, pero lo ignoran. Es el ser humano el único que puede anticipar imaginativa o conceptualmente las cosas”. Solo nosotros podemos vernos en el futuro e ir hacia él. Por supuesto, el deseo va mucho más allá del consumo. Pero en el mundo actual el consumo no va mucho más allá del deseo. Si se apaga esa llama, se vuelve frágil.
Plantea Marina que “el placer es proporcional a la intensidad del deseo, que crece con el tiempo de la privación” y que “forma parte del circuito de la acción. Su papel -como el del dolor- es orientar la conducta”. Los consumidores argentinos vienen de vivir tiempos de fuerte privación y dolor. Algunos parecerían estar dándose, muy de a poco, permiso para volver al deseo.

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