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1 junio, 2019

Beethoven, m煤sica para la eternidad

Marcos Aguinis
LA NACION
La Novena Sinfon铆a de Beethoven no solo es potente gracias a sus sonidos, sino a los debates que produjo. Su gran innovaci贸n en la historia de la m煤sica se refiere a dos aspectos novedosos de la forma sinf贸nica. El primero es el ingreso de los instrumentos de percusi贸n y el segundo, la introducci贸n del coro. Hasta que el genio de Beethoven se atrevi贸 a dar semejantes pasos, ning煤n compositor hab铆a

tenido la ocurrencia de unir a la forma sinfon铆a estos elementos.

El mes de mayo se ha conmemorado un nuevo aniversario del estreno de esta Novena Sinfon铆a, cuyo cuarto movimiento introdujo una revoluci贸n. Ni siquiera talentos tan inspirados como el de Verdi supieron advertirla. Luego de su estreno en 1824, Verdi sentenci贸: “Los primeros tres movimientos son maravillosos, pero todo termina mal en el 煤ltimo”. No advirti贸 que ah铆 empezaba el g茅nero de la sinfon铆a coral, cuya vigencia se mantuvo hasta el advenimiento del impresionismo musical a principios del siglo XX.
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En 1817, la Sociedad Filarm贸nica de Londres hab铆a encomendado al recluido Beethoven la composici贸n de esta obra. El trabajo fue iniciado reci茅n en 1822, lo cual revela cu谩nta duda a煤n predominaba en el esp铆ritu del compositor. Pese a que en su cabeza resonaban melod铆as y acordes, su pluma no lograba dibujar las notas en el pentagrama. El combate que sigui贸 agitando su coraz贸n tard贸 varios a帽os en culminar. Reci茅n dos a帽os m谩s tarde consigui贸 presentar la obra terminada. Cuando se anunci贸 su estreno parec铆a una resurrecci贸n. Amplias porciones del p煤blico no pod铆an creer que a煤n el compositor viviera. Incluso hubo conflicto sobre el lugar del estreno. 脡l prefer铆a Berl铆n porque consideraba que Viena hab铆a ca铆do bajo la influencia de los italianos como Rossini, por ejemplo. No obstante, productores y personalidades diversas le exigieron hacerlo en Viena.
El estreno de esta obra trascendental fue dirigido oficialmente por Michael Umlauf, maestro de capilla, pero este m煤sico autoriz贸 a Beethoven a compartir el escenario como una forma de lastimoso consuelo: no pod铆a escuchar los sonidos pero los sigui贸 mediante una copia de la partitura. Al final de la ejecuci贸n a煤n segu铆a enfrascado en la lectura sin enterarse de los aplausos que agitaban el teatro de un extremo al otro. Una de las solistas le toc贸 el brazo y le indic贸 que girase hacia la platea, que ard铆a de asombro y gratitud. Fue en ese momento cuando Beethoven pudo enterarse de la repercusi贸n extraordinaria que hab铆a logrado su composici贸n escrita a lo largo de dos laboriosos a帽os mientras viv铆a encerrado en su peque帽a vivienda y su sordera llegaba a extremos totales. Lo triste es que esta sordera no fue lo 煤nico que atac贸 su organismo, sino que una serie de des贸rdenes que generaba la frustraci贸n lo volteaba en su lecho e imped铆a unir sus ideas musicales con las notas que deseaba externalizar en el pentagrama. Esa repercusi贸n fue la primera de las que glorificaron su composici贸n. En efecto, porciones de la Novena Sinfon铆a han sido convertidas en el himno de la Uni贸n Europea. Es obvio que la humanidad entera lo admira y celebra. Beethoven deseaba semejante reconocimiento. Cuando compuso su tercera sinfon铆a se enter贸 sobre la urgencia de Napole贸n por convertirse en emperador y romper el anhelo de uni贸n general, lo cual llev贸 a que destruyese la dedicatoria que hab铆a escrito.

Un testimonio del sufrimiento que padeci贸 este compositor excepcional es la carta que escribi贸 para sus hermanos en 1802, que pas贸 a la historia como “El testamento de Heiligenstadt”. Heiligenstadt curiosamente significa “ciudad santa”. Ahora podemos llamarla as铆 por el sufrimiento de Beethoven m谩s que por otras razones. En ese testamento confiesa su disposici贸n a suicidarse. Aunque finalmente esa carta no fue enviada, fue guardada como prueba irrefutable de los padecimientos que abrumaban al artista. En aquel momento no pod铆a imaginar el prestigio que honrar铆a su memoria.

Esta aparici贸n fue la 煤ltima ante el p煤blico. Muchos mantuvieron su asombro durante varios d铆as y hasta semanas. Nunca m谩s volvi贸 a mostrarse ante el p煤blico. Su reclusi贸n volvi贸 a predominar.

Pero ac谩 no termin贸 la historia, porque esta obra tan innovadora gener贸 la llamada “maldici贸n de la novena sinfon铆a”. En efecto, hasta que el compositor ruso Dmitri Shostakovich verti贸 su producci贸n inmensa no hubo nadie que estrenara otras novena y d茅cima. Autores tan prol铆ficos como Schubert, Bruckner, Dvorak y Mahler no pudieron llegar a la d茅cima. Esta aparici贸n supuso el fin de la supuesta maldici贸n.

El genio de Bonn ten铆a fijado en su coraz贸n los versos rom谩nticos de Schiller llamados ” An die Freude”, pero no se animaba al abordaje pleno debido a la enfermedad que lo abrumaba desde hac铆a a帽os. La medicina, en aquel tiempo, no sab铆a c贸mo tratarla ni sedarla. Hasta ahora, sorprende la cantidad de compases que llen贸 sin la capacidad de o铆rlos. Los m煤sicos contempor谩neos a煤n no saben memorizar los sonidos con la simple y precisa lectura del pentagrama. Junto a Goethe, Schiller fue uno de los m谩s altos exponentes de la corriente literaria conocida como Sturm und Drang. Este movimiento propiciaba la exaltaci贸n de la subjetividad individual por sobre las m谩scaras de la sociabilidad y termin贸 por instalar a Alemania en una posici贸n m谩s vigorosa en el panorama art铆stico de las naciones europeas. Muchos j贸venes alemanes, entre ellos el mismo Beethoven, se sintieron atra铆dos por este llamado impetuoso. ” Sturm und Drang” significa precisamente eso: tormenta e 铆mpetu. Esta tendencia fue un preludio del romanticismo, que enamor贸 a Beethoven. El compositor tuvo el m茅rito de inaugurar esta corriente musical al recoger los versos de Schiller. De este modo, los artistas pudieron expandir su esp铆ritu de una forma diferente a la que impon铆an las limitaciones del racionalismo. Por eso se explica la reflexi贸n de Albert Einstein, que dec铆a que “antes de Beethoven se escrib铆a m煤sica para lo inmediato: con Beethoven, se empieza a escribir m煤sica para la eternidad”.

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