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5 diciembre, 2018

La tecnología y la crisis de la democracia

La tecnología y la crisis de la democracia (I)
por Jaime Duran Barba
Como cazadores que encontraron una carabina de precisi√≥n y salen a cazar conejos a culatazos, los pol√≠ticos elementales contratan trolls y hacen campa√Īas sucias. Los pol√≠ticos con formaci√≥n intelectual que entienden para qu√© sirven las redes no lo hacen, pero son una peque√Īa minor√≠a. Crisis. La imagen de los gobernantes cae en picada poco despu√©s de asumir. Pi√Īera y Maduro lo viven

en Chile y Venezuela. En Colombia, Duque eligi√≥ culpar al pasado. Otro cabildo abierto Data, yo y supery√≥ Durante este a√Īo analizamos las elecciones y/o las estrategias de comunicaci√≥n de gobiernos o candidatos presidenciales de ocho pa√≠ses de la regi√≥n. En casi todos los casos conversamos largamente con los presidentes o candidatos del pa√≠s respectivo, con personajes pol√≠ticos, periodistas y miembros de la academia de alto nivel, aplicamos encuestas y tuvimos acceso a material de investigaci√≥n de otras fuentes. Hab√≠amos trabajado en algunos de ellos con anterioridad y ten√≠amos material para hacer comparaciones diacr√≥nicas. Profundidad. Los estudios comparados permiten analizar con profundidad los procesos pol√≠ticos, sobre todo cuando tienen el respaldo de investigaciones emp√≠ricas y cuando los investigadores tienen la oportunidad de dialogar con protagonistas de los procesos para poner a prueba sus hip√≥tesis. Cuando estamos encerrados en un solo pa√≠s tenemos menos posibilidades de explicarnos lo que ocurre en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa. El trabajo se enriquece cuando hablamos con dirigentes que comparten conjuntos de mitos que los agrupan tanto en la “izquierda” como en la “derecha”, para incorporar a nuestro trabajo la visi√≥n de personas que tienen distintas creencias. No es f√°cil hacer estudios de este tipo. Entre unas y otras elecciones a veces pasan a√Īos y las comparaciones se vuelven in√ļtiles. Las encuestas son caras y es dif√≠cil que una universidad o instituci√≥n pueda aplicar en un mismo a√Īo series de estudios para analizar las elecciones en varios pa√≠ses, √ļnica forma de conseguir la informaci√≥n para obtener conclusiones generales con alguna validez. Tuvimos la suerte de hacer estos estudios porque en cada pa√≠s hubo personas que nos ped√≠an que hici√©ramos un diagn√≥stico de la situaci√≥n y para eso financiaban la investigaci√≥n. Nuestra adaptaci√≥n al progreso sigue una curva ascendente mucho m√°s moderada que la de la evoluci√≥n de la tecnolog√≠a Evoluci√≥n. Empecemos diciendo que hay un dato duro com√ļn a todos los pa√≠ses: la tecnolog√≠a evoluciona exponencialmente, y con ella la forma de ser y las costumbres de los ciudadanos. David Christian plante√≥ en Mapas del tiempo. Introducci√≥n a la gran historia, hace veinte a√Īos, que la velocidad de la transformaci√≥n era tan grande que los seres humanos no ten√≠amos la capacidad de registrarla. En la actualidad el problema se volvi√≥ m√°s dram√°tico por la aceleraci√≥n de los cambios. Thomas Friedman dice que en 2007 se dio un salto en el avance tecnol√≥gico cuando apareci√≥ el iPhone con todo su universo de aplicaciones; surgi√≥ el concepto del big data, una red de interconexi√≥n de sistemas para el manejo de cantidades masivas de informaci√≥n; ingresaron al mercado Facebook, Twitter, la plataforma Android que transform√≥ los tel√©fonos inteligentes; aparecieron el bitcoin y Amazon, entre otras cosas. La conjunci√≥n de esos elementos hizo que se desatara un proceso de transformaci√≥n que avanza en forma exponencial, mientras nuestra adaptaci√≥n al progreso sigue una curva ascendente mucho m√°s moderada. Esto que sucede con el conjunto de la poblaci√≥n que usa el sentido com√ļn en su vida cotidiana se agudiza en gran parte de las elites pol√≠ticas, que est√°n m√°s retrasadas. Esta contradicci√≥n se profundiz√≥ llev√°ndonos al enfrentamiento entre la mayor√≠a y la dirigencia tradicional que estamos experimentando. El tema tiene un antecedente en los complicados textos con que Merleau Ponty, Althusser o Poulantzas defend√≠an el socialismo, mientras la gente trataba de escapar del para√≠so socialista atravesando el Muro de Berl√≠n, huyendo de Cuba, o haciendo cualquier cosa para ingresar al infierno capitalista. A√ļn hoy, cuando es obvio que ese esquema fracas√≥, hay intelectuales que hacen un homenaje al 60¬ļ aniversario de la Revoluci√≥n Cubana, acompa√Īados de dirigentes populistas que cazaban zurdos en la d√©cada del 70, mientras el mundo discute sobre temas de otro siglo. Los electores actuales eligen mandatarios para que solucionen sus problemas, no para que les cuenten que el anterior era malo Complejidad. Lo que ocurre es complejo. Despu√©s de las elecciones mexicanas de 2003 detectamos con Santiago Nieto que se estaban produciendo en la poblaci√≥n cambios radicales que nos explicaban lo que ven√≠a sucediendo en la pol√≠tica de los √ļltimos a√Īos. Publicamos nuestro libro Mujer, sexualidad, internet y pol√≠tica, que conten√≠a hip√≥tesis que con el tiempo se confirmaron. La gente com√ļn vive esa revoluci√≥n como parte de la realidad mientras algunos pol√≠ticos estudian cursos de oratoria. En los pa√≠ses desarrollados nadie hace una campa√Īa electoral sin aplicar encuestas y sin el apoyo de profesionales, aunque sea por c√°bala. En Am√©rica Latina, algunos candidatos dicen que les basta su experiencia y su intuici√≥n, saben todo, deben demostrar que nunca se equivocan, no necesitan consejos, ni estudios, menos asesores. Cumplen con rituales arcaicos: dan discursos, organizan caravanas, se suben a escenarios con atriles, tratan de decir cosas pol√≠ticamente correctas. Su estrategia se centra en debatir con los otros l√≠deres, no se interesan para nada en las actitudes de esa gente, que con el avance tecnol√≥gico se ha vuelto inmanejable. Hasta hace diez a√Īos hab√≠a normas claras que deber√≠a cumplir un candidato ganador, entre las que estaba que su porcentaje de opiniones positivas tuviera una relaci√≥n de al menos dos a uno con las negativas. En las √ļltimas elecciones de casi todos los pa√≠ses esto se volvi√≥ imposible. La imagen de los dos candidatos presidenciales de los Estados Unidos en la √ļltima elecci√≥n fue m√°s negativa que positiva. Todos los personajes pol√≠ticos de M√©xico tuvieron saldo negativo, con la excepci√≥n de AMLO, que apenas logr√≥ un empate. Si comparamos los n√ļmeros de los pol√≠ticos brasile√Īos en la campa√Īa de 2010 con los actuales, todo se derrumb√≥. Ni Fernando Haddad ni Jair Bolsonaro tuvieron las cifras de muchos pol√≠ticos de ese entonces. Pasa lo mismo con casi todos los personajes pol√≠ticos de Colombia, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Argentina, M√©xico, Estados Unidos, Chile, Uruguay o El Salvador. Una crisis de esta dimensi√≥n no puede explicarse por hechos aislados de cada realidad nacional, obedece a un problema general. Gobiernos e instituciones. En el caso de los gobiernos la situaci√≥n es dram√°tica. En el segundo a√Īo de gesti√≥n, su aceptaci√≥n cae de manera pronunciada. Los n√ļmeros de Mario Abdo en Paraguay, Len√≠n Moreno en Ecuador o Sebasti√°n Pi√Īera en Chile caen en picada. Es inveros√≠mil que un mandatario con los n√ļmeros de Nicol√°s Maduro en Venezuela siga al frente del Estado. Llama la atenci√≥n el desplome de Iv√°n Duque, que compr√≥ un libreto popular en el c√≠rculo rojo que suele llevar a la hecatombe: apliquemos de inmediato un paquete de medidas econ√≥micas brutales ech√°ndole la culpa al antecesor. Los que hicieron esto quedaron chapoteando como patos rengos el resto del per√≠odo. Los electores actuales eligen mandatarios para que solucionen sus problemas, no para que les cuenten que el anterior era malo. Hay una crisis de confianza en todas las instituciones que tradicionalmente hab√≠an sido emblem√°ticas, como la Iglesia Cat√≥lica, los medios de comunicaci√≥n, los partidos pol√≠ticos, el Congreso, la Justicia. En todos los pa√≠ses cerca del 80% de los electores dice que estar√≠a menos dispuesto a votar por un candidato apoyado por cualquier partido. Bolsonaro gan√≥ sin el apoyo de ning√ļn partido, AMLO enfrentando al PRI, al PAN e incluso al PRD. La mayor√≠a de los apoyos de organizaciones pol√≠ticas quitan votos, como lo experiment√≥ Geraldo Alckmin en Brasil. La Iglesia Cat√≥lica est√° en crisis. Por primera vez en la historia Brasil y M√©xico, los dos pa√≠ses cat√≥licos m√°s poblados del mundo, eligieron presidentes evang√©licos. Para la gente com√ļn el mensaje que ensalza la pobreza y dice que es malo consumir cae frente a la teolog√≠a de la prosperidad de los evangelistas. Internet. La vieja frase de “el papel y la muralla son el papel del canalla” toma una nueva dimensi√≥n con Internet. Como cazadores que encontraron una carabina de precisi√≥n y salen a cazar conejos a culatazos, los pol√≠ticos elementales contratan trolls y hacen campa√Īas sucias. Los pol√≠ticos con formaci√≥n intelectual que entienden para qu√© sirven las redes no lo hacen, pero son una peque√Īa minor√≠a. Desde la campa√Īa de Trump creci√≥ el mito de que las fake news explicaban su √©xito. Muchos candidatos dedicaron tiempo y dinero en estos a√Īos a producir basura contra sus rivales y difundirla por las redes. El entusiasmo por las campa√Īas sucias satisface el ego y las pulsiones negativas de los candidatos, pero trae pocos votos. La gente es cada vez m√°s dif√≠cil de manipular, crea sus propios mitos y desconf√≠a de las elites. or c

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