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20 agosto, 2018

Las razones del apoyo a Cristina

Gustavo Gonz√°lez Presidente y CEO de Editorial Perfil.
Seg√ļn encuestas, los esc√°ndalos de corrupci√≥n que surgieron tras el Cuadernogate no afectaron la imagen de Cristina. por Gustavo Gonz√°lez EL DISCRETO ENCANTO DE LA CORRUPCION. El 25% del voto K cree que ella es corrupta. Un 20%, que deber√≠a ir presa. Foto: TEMES Noticias Relacionadas Cuatro jefes de La C√°mpora quedaron involucrados por el manejo de fondos negros Las encuestas y la imagen Noci√≥n del cuerpo En los √ļltimos d√≠as se conocieron dos encuestas realizadas tras el destape del Cuadernogate. En la de Synopsis

, el dato significativo es que la imagen de Cristina no se vio afectada por el esc√°ndalo de corrupci√≥n. Con 31,4% de imagen positiva, super√≥ el 30,9% de agosto del a√Īo pasado. El otro sondeo es de D‚ÄôAlessio/Berensztein. El dato llamativo es que, cuando se pregunta si quien organiz√≥ las coimas era la ex presidenta, el 25% de los propios votantes kirchneristas responde que s√≠. Y a la pregunta de si ella deber√≠a ir presa, es el 20% del voto K el que tambi√©n dice que s√≠. Por su lado, los sondeos del Gobierno confirman que los cuadernos de Centeno no hicieron mella en su intenci√≥n de voto, que sit√ļan en torno al 25%. Devoci√≥n cristinista. La pregunta que surge es por qu√©, pese a tantas evidencias, hay un n√ļcleo duro y relevante de personas que siguen creyendo en Cristina. Las respuestas van m√°s all√° de ella, pero no de lo que ella significa. El peronismo, como el radicalismo, el comunismo o el socialismo, son partidos t√≠picos de la modernidad. Cada uno con su perfil ideol√≥gico, representan creencias fuertes (como las religiones) y a sectores sociales bastante bien definidos, como pobres venerando a Per√≥n o sectores medios a Alfons√≠n. El kirchnerismo es la primera gran expresi√≥n argentina de la hipermodernidad. Vino con el ADN peronista de la modernidad, pero se form√≥ en la posmodernidad noventista. Lo que result√≥ fue una √©pica pragm√°tica, que conserva las formas y los s√≠mbolos del relato modernista (l√≠der, Patria, antiimperialismo), pero cruzado con el escepticismo y el hedonismo posmo. Retoma aquello de “primero la Patria, despu√©s el movimiento y por √ļltimo los hombres”, pero sabiendo que el sacrificio humano dej√≥ de ser gratuito. Entre quienes la apoyan, pese a todo, aparecen dos nuevas clases: la estatal y la marginal Cristina no es una l√≠der del modernismo como Per√≥n, ni del posmodernismo como Menem. Representa a un sector hipermoderno que tamiza las creencias absolutas de los 70 con el individualismo de los 90. Est√°n insatisfechos con una fiesta global posmoderna que no result√≥ como se esperaba. Los beneficios no derramaron para todos, se a√Īoran las identidades nacionales y aparecen nuevas amenazas a la seguridad individual y colectiva. La historia no finaliz√≥ y el futuro es incierto. La tecnolog√≠a complejiz√≥ la vida y puso en jaque al trabajo. Las comunicaciones y las redes sociales atraviesan a todos los sectores y vuelven m√°s difusos sus l√≠mites. La hipermodernidad navega en esa revoluci√≥n de las alianzas sociales y pol√≠ticas tradicionales y convive, como en ninguna otra era antes, con dos nuevas clases sociales que ni el capitalismo ni el marxismo tuvieron en cuenta. La clase estatal. En la Argentina del √ļltimo medio siglo siempre fue importante el sector de trabajadores vinculados con el Estado nacional, provincial y municipal. Pero sus cantidades y proporciones son cada vez mayores. En los 70 sumaban 1.300.000 personas (5,8% de la poblaci√≥n). Hoy la cifra del total de empleados p√ļblicos var√≠a seg√ļn qui√©n la audite, pero para la Asociaci√≥n Argentina de Presupuesto (ASAP) rondar√≠a los 3.900.000. Un 8,8% de la poblaci√≥n. Seg√ļn datos oficiales, en algunas provincias (Corrientes, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy, La Rioja, Catamarca y Formosa), la mayor√≠a de su poblaci√≥n trabaja para el Estado. La estatal es una clase que se caracteriza por su dependencia de un empleador pol√≠tico. Por eso los cambios de signo en las administraciones estatales suelen ser resistidos por el temor a perder el v√≠nculo laboral. En t√©rminos electorales significa que los votos de la clase estatal suelen ser conservadores del statu quo vigente, cualquiera sea. La otra caracter√≠stica de esta clase es que en su interior conviven sectores econ√≥micos muy distintos, empleados de $ 20 mil con funcionarios que ganan diez veces m√°s, sin contar lo que pueden sumar de forma il√≠cita. Por eso en los pasillos de los ministerios se mezclan empleados que viven en villas con otros que habitan mansiones. El kirchnerismo se nutre de esta clase estatal que hist√≥ricamente estuvo cerca de quien m√°s la hizo crecer, el peronismo. Pero con los gobiernos de N√©stor y Cristina esa planta se duplic√≥. Son millones de votos fieles con quienes les dieron un trabajo en blanco para toda la vida y temerosos de quienes amenazan con reducir su plantel. La clase marginal. Es un sector que comenz√≥ a ser estudiado con cierta seriedad en los 60, a la par del surgimiento de barrios precarios en torno a los grandes centros urbanos. Hasta entonces, al marginal o ‚Äúlumpen‚ÄĚ se lo relacionaba con personas con problemas mentales o simples delincuentes. Pero el crecimiento exponencial de asentamientos precarios, miseria, diferencias econ√≥micas, una sociedad de consumo tentadora y lejana, m√°s un narcotr√°fico que se presenta como soluci√≥n y evasi√≥n, fueron el motor de este nuevo sector social. Desde lo cuantitativo y pol√≠tico, el marginal ya no es marginal. Es una serie exitosa producida en la Argentina y replicada por Netflix. No hay una medida cierta de qu√© porcentaje de poblaci√≥n representa. Hay estudios que lo sit√ļan en un 19%, pero en general se mezcla al marginal con el indigente. Y no necesariamente son lo mismo. El marginal quebr√≥ todos sus lazos sociales de convivencia. Pol√≠ticamente, son personas que pueden funcionar como mano de obra barata de los punteros. Para tareas que van desde ir a actos p√ļblicos a acciones delictivas. El combo de violencia-droga-dinero-pol√≠tica es el caldo de cultivo de un sector que tiene poco para perder. Tambi√©n est√°n los que antes viv√≠an mejor y los que no creen en las denuncias El kirchnerismo abreva en esta marginalidad organizada por punteros que creci√≥ y convivi√≥ durante doce a√Īos con sus gobiernos. No es un sector al que las coimas o los aprietes le generen conflictos √©ticos. Pero no son los √ļnicos votos que conforman ese alto porcentaje de adherentes indemnes a cualquier denuncia contra Cristina. Clases bajas y medias. Entre ellas est√°n los que comprueban en sus bolsillos que con ella estaban mejor. Son pragm√°ticos. Integran el porcentaje que en las encuestas responde que los Kirchner son corruptos, pero que igual votar√≠an a Cristina. No creen que la corrupci√≥n sea buena, pero les parece peor no poder vivir dignamente. Y est√°n los sectores medios, medios-altos (profesionales, comerciantes, intelectuales) que la siguen apoyando por dos motivos. La mayor√≠a, seg√ļn un sondeo a√ļn no difundido de una de las consultoras m√°s prestigiosas, lo hace porque no cree en las denuncias. Dicen que es una patra√Īa armada por macristas, jueces y medios. A estos se les agregan quienes aceptan la corrupci√≥n como un mal necesario de un pa√≠s que no tiene blanqueado su sistema de financiamiento partidario. Y los que piensan que fue N√©stor el responsable, no Cristina. Todos esos sectores que integran el tercio de poblaci√≥n que volver√≠a a votarla sin prestar atenci√≥n a las denuncias de corrupci√≥n tienen historias y motivaciones distintas a una mayor√≠a que la repudia. Representan ese “otro” al que la grieta impide reconocer su existencia y razones. Pero son producto, ellos y los dem√°s, del mismo pa√≠s y de los mismos fracasos.

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