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8 marzo, 2011

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AFECTOS, INTELIGENCIA Y CONOCIMIENTO

DR MEDINA BISIACH

Y esto viene bien para comenzar a comentar la importancia de los afectos en la constitución de la personalidad, y sobre todo, junto con eso, el desarrollo del conocimiento y la inteligencia. Quiero ir un poco a la poesía y a la literatura para comprender mejor lo que quiero decir. Por ejemplo “Solamente hay un paso entre el amor y el odio. Tenés que andar con cuidado, no cometas un error. Entender la diferencia en la vida es esencial: a veces los sentimientos se pueden entreverar” Me remonto a los primeros años de vida, donde se forma el psiquismo, nuestra mente, donde los especialistas sabemos que si no se organiza debidamente, aparecerá el déficit manifiesto en el sujeto adulto. Para ello quien mejor que la psicoanalista argentina Bleichmar para que nos oriente: “entiendo que para humanizar a los hijos y lograr el desarrollo psíquico, afectivo y social, es sustancial que haya una madre que satisfaga las necesidades del bebé en un vínculo amoroso tal, que los cuidados de preservación de la vida se den por añadidura. Las caricias, la mirada, la voz y el afecto, o sea, el deseo de convertirlo de sujeto a persona, es condición necesaria para que ese psiquismo incipiente se organice y surja el pensamiento y la inteligencia” Es bien sabido que al nacer el bebé llora por necesidades biológicas, pero lo que inaugura el psiquismo no es la saciedad del hambre como cree la gente, sino el placer del contacto con el pecho, las caricias, la voz y el acompañamiento amoroso que acontece en el acto de alimentación. ¿Como sería su acción futura?: todo lo que dije quedará como “grabado” en la mente del niño, y cuando tenga el hambre, que es una necesidad que crea tensión, la psiquis carga con energía esa “grabación materna” reproduciendo el placer que calma momentáneamente la sensación de tensión y opera como equilibrador. Es importante discriminar entonces, lo que confunde muchas veces a uno cuando se es adulto, lo que es una necesidad de un deseo afectuoso: aquél causa tensión, éste solamente placer.

Entonces para que haya un desarrollo humano y con ello la inteligencia y el conocimiento, el psiquismo debe operar en la interacción y adecuación a la realidad. Para ello tiene que haber habido un intercambio humano con la madre, para que no interfiera en esa adecuación. A raíz de lo dicho voy al encuentro de Campoamor, quien en tono perogrullesco decía: “cultivando lechugas Dioclecian, ya decía en Salerno,  que no encuentra mariposas en verano quien no cuida gusanos en invierno”.

Yendo a la literatura, me detuve en Silvina Ocampo, de una vida azarosa desde el punto de vista sentimental, definía en uno de sus libros (considerado como autobiográfico), “¿Que es enamorarse? Perder el asco, perder el miedo, perder todo” Fíjense que estoy en otra sensación displacentera: el asco, para ella el asco era amenazante, estaba al acecho en todo lo que la rodeaba. Sin embargo decía que “el sexo, cuando no se desea, puede ser una experiencia repugnante, no obstante aún así produce fascinación”. Pero amar demasiado, a veces, ciega el recuerdo. Herman Hesse, quien fue premio Nobel de Literatura, confiesa “desde mi primer amor hasta hoy he estado siempre enamorado; y cuando recuerdo veo que las cuitas de un amor sin esperanza, el miedo y la vacilación, con noches de insomnio, son algo mucho más hermoso que todos los pequeños éxitos afortunados”. Todo eso por una interacción materna-filial que supo ofrecer distintos modos de búsqueda de placer, facilitando el enriquecimiento simbólico (en lo que intervino la inteligencia y el conocimiento). Porque la inteligencia funciona cuando la persona es capaz de interrogarse acerca de sí mismo y del mundo que la rodea. El objetivo que persigue el conocimiento siempre está ligado a intereses de la persona de dominar la realidad, en tanto dicho dominio le garantiza cierto control y evitación de la angustia y el displacer. Es decir de sentirse siempre amado. Para Piaget “los procesos afectivos a que se llega al resultado, es relativamente consciente, sentimiento que el individuo percibe más o menos claramente”. La inteligencia es la adecuación mental más avanzada, el instrumento indispensable de los intercambios entre el sujeto y el universo. A ver… ¿A que me hace acordar? Sí, a los intercambios madre (universo)-hijo (sujeto), que de haber sido suficientes pudo esa persona desarrollar todo su potencial humano. Para terminar “Por mucho que estudies, no sabrás nada si no actúas. Un asno cargado de libros no es un intelectual ni un hombre sabio. Vacío de esencia. ¿Qué conocimiento tienes, lleve sobre sí libros o leña? (S. de Shiraz)

DR. EDUARDO MEDINA BISIACH

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