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1 marzo, 2018

Por qu茅 las actividades placenteras pueden llegar a crear dependencia

Enrique Echebur煤a
Existen h谩bitos de conducta aparentemente inofensivos que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos. Una de las nuevas adicciones ‘sin sustancia’ es la adicci贸n al m贸vil.
Cualquier inclinaci贸n desmedida hacia alguna actividad puede desembocar en una adicci贸n, exista o no una sustancia qu铆mica de por medio. De hecho, existen h谩bitos de conducta aparentemente inofensivos (las redes sociales, el sexo, las compras, el ejercicio f铆sico, el juego de apuestas, entre otros) que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos. Lo que separa una afici贸n de una adicci贸n es que de conductas normales se pueden hacer usos anormales si la frecuencia o cantidad de tiempo/dinero invertidos condicionan negativamente las relaciones personales, laborales o de

salud de la persona afectada. Por ello, la adicci贸n viene definida no tanto por la clase de conducta sino por el tipo de relaci贸n que la persona establece con ella.

No se trata, como es obvio, de considerar patol贸gicas las conductas habituales en la vida cotidiana. Una adicci贸n se caracteriza por la interferencia negativa grave en el d铆a a d铆a de la persona y por la dependencia psicol贸gica de esta respecto al objeto de su adicci贸n. As铆, el sujeto manifiesta un deseo irrefrenable de llevar a cabo la conducta, sus pensamientos giran monotem谩ticamente en torno a ella, experimenta cambios bruscos del estado de 谩nimo si se le ponen obst谩culos y muestra una p茅rdida de control, con una necesidad de dosis crecientes para conseguir el mismo grado de excitaci贸n. Es decir, es ya incapaz de autorregularse a pesar de las consecuencias negativas de todo tipo que le acarrea. El adicto se deja llevar por los beneficios de la gratificaci贸n inmediata sin prestar atenci贸n a los perjuicios posteriores.

No se puede hacer un listado de las conductas potencialmente adictivas. Son, en realidad, las actividades placenteras las que pueden llegar a crear dependencia. Los mecanismos psicofisiol贸gicos que subyacen al placer inducen a los seres vivos a reiterar en conductas gratificantes. El circuito del placer recorre un conjunto de estructuras cerebrales en torno al sistema l铆mbico, en donde se liberan unas sustancias qu铆micas (las endorfinas y la dopamina especialmente) cuando se siente placer, que son como la sal de la vida. Se trataba inicialmente de los refuerzos naturales de las conductas de supervivencia, como comer o practicar el sexo, necesarias para el mantenimiento de la persona y la continuidad de la especie. Pero la dopamina puede aumentar tambi茅n cuando surgen conductas placenteras vividas normalmente (un beso, el sonido de la m煤sica o la lectura de un libro, el disfrute de una conversaci贸n con los amigos, la contemplaci贸n de una puesta de sol o una victoria en una competici贸n deportiva) o an贸malamente (el subid贸n de una raya de coca铆na, el sexo compulsivo o el enganche a una red social).

Todas las conductas adictivas est谩n reguladas inicialmente por su aspecto placentero, pero terminan por ser controladas por el alivio de la tensi贸n emocional. Es decir, una persona normal puede tomar una copa con los amigos, conectarse a las redes sociales o ir de compras por el disfrute de la conducta en s铆 misma; una persona adicta, por el contrario, lo hace compulsivamente buscando el alivio del malestar emocional (aburrimiento, soledad, ira o nerviosismo), pensando constantemente en ello e invirtiendo una considerable cantidad de tiempo que detrae de sus actividades habituales.

Lo que separa una afici贸n de una adicci贸n es que de conductas normales se pueden hacer usos anormales si la frecuencia o cantidad de tiempo/dinero invertidos condicionan negativamente las relaciones personales, laborales o de salud de la persona afectada

Como ocurre en las adicciones qu铆micas, las personas adictas a una determinada conducta experimentan un s铆ndrome de abstinencia cuando no pueden llevarla a cabo, que se traduce en un profundo malestar emocional (estado de 谩nimo disf贸rico, insomnio, irritabilidad o inquietud psicomotriz).

El ser humano necesita alcanzar un nivel de satisfacci贸n global en la vida cotidiana. Normalmente, este se obtiene repartido en diversas actividades: el trabajo, los amigos, la pareja o familia o el ocio. Sin embargo, cuando la persona se siente contrariada en estas facetas, entonces puede centrar toda su atenci贸n en una sola, lo que la predispone a la adicci贸n. El resultado final es que a la persona afectada se le estrecha el campo de la conciencia y pierde inter茅s por lo que le rodea y por lo que anteriormente le resultaba gratificante, a excepci贸n del objeto de su adicci贸n, con una afectaci贸n negativa en su desempe帽o profesional y en sus relaciones personales y familiares. La adicci贸n se convierte as铆 en una afici贸n patol贸gica que resta libertad al ser humano al restringir la amplitud de sus intereses.

Por 煤ltimo, y al igual que ocurre con las drogas tradicionales, es dif铆cil que un adicto se reconozca como tal por el reproche social existente en torno a la adicci贸n. Por lo general, es un suceso negativo 鈥揻racaso escolar, trastornos de conducta, mentiras reiteradas, aislamiento social, problemas econ贸micos, presi贸n familiar- el que le hace tomar conciencia de su problema.

Enrique Echebur煤a es catedr谩tico de la Universidad del Pa铆s Vasco (UPV/EHU) y acad茅mico de Jakiunde.

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