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26 febrero, 2018

LAS BASES CEREBRALES DE LA LECTURA

compilado por dr eduardo medina bisiach
Dr. Adolfo M. García
Se especializa en neurociencias del lenguaje. Actualmente, se desempe√Īa como Director Cient√≠fico del Laboratorio de Psicolog√≠a Experimental y Neurociencias (INCyT-INECO). Tambi√©n es Investigador del CONICET y Profesor Adjunto de Neuroling√ľ√≠stica en la Universidad Nacional de Cuyo. Se desempe√Īa, adem√°s, como Editor Asociado del Journal of World Languages y como Review Editor de Frontiers in Human Neuroscience y Frontiers in Aging Neuroscience, habla sobre los mecanismos neurocognitivos implicados en el proceso de lectura y escritura…
El 31 de julio del 2001, el famoso novelista canadiense Howard Engel recogi√≥ por la ma√Īana el diario de la puerta de su casa (un ejemplar del Globe and Mail de Toronto) y vio sorprendido que ‚Äďseg√ļn sus palabras‚Äď ‚Äúparec√≠a estar escrito en una mezcla de serbio-croata y coreano‚ÄĚ: dos lenguas desconocidas para √©l. Lo que deber√≠a haber percibido como letras se le presentaba como un conjunto de formas irreconocibles. Sin embargo, el resto de los objetos a su alrededor se ve√≠an exactamente como deb√≠an. Por un momento pens√≥ que quiz√°s le estaban haciendo una broma,

pero cuando comprob√≥ que era incapaz de leer los libros que √©l mismo hab√≠a escrito, se fue al hospital. Lo curioso de la situaci√≥n era que no pod√≠a leer, pero s√≠ escribir. Una iron√≠a comparable con la ceguera de Borges. Adolfo M. Garc√≠a, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Neurolog√≠a Cognitiva (INECO), recurri√≥ a este caso para explicar que la lectura es un sistema neuro-cognitivo especializado y parcialmente independiente de los sistemas cerebrales responsables de la escritura. Esto queda comprobado por cuadros como la alexia sin agrafia (como en el caso de Engel). ‚ÄúEs interesante considerar esta disociaci√≥n porque durante mucho tiempo se habl√≥ de la ‚Äúlecto-escritura‚ÄĚ como si fuera una sola habilidad, y tanto desde la experiencia que tienen los docentes, los ni√Īos como estudiantes, los padres al observar el desarrollo escolar de sus hijos, y ahora desde las neurociencias, sabemos que se trata de dominios parcialmente independientes‚ÄĚ, dice Garc√≠a. Adem√°s, esta tesis se sustenta con estudios de neuroim√°genes de personas sanas, en donde se observa que los sistemas cerebrales que se activan cuando se est√° realizando una tarea de escritura o de lectura son distintos.
La m√°quina de procesar palabras
Gracias a investigaciones psicoling√ľ√≠sticas, neuropsicol√≥gicas y neurocient√≠ficas, se sabe que la lectura depende de al menos dos rutas cerebrales distintas: una directa, que predomina cuando nos enfrentamos a palabras reales, conocidas y de alta frecuencia; y otra indirecta, que prepondera cuando nos encontramos con pseudopalabras, palabras desconocidas o de baja frecuencia. Esta √ļltima permite convertir las letras en fonemas, de modo tal que aunque no se sepa el significado del est√≠mulo, el mismo pueda ser le√≠do y pronunciado. En los casos de dislexia, la alteraci√≥n de una u otra ruta genera d√©ficits diferentes e identificables mediantes pruebas psicoling√ľ√≠sticas. ‚ÄúLa lectura depende de una regi√≥n cerebral muy bien establecida que es la t√©mporo-occipital ventral izquierda, un √°rea especializada para reconocer letras. El caso del escritor canadiense y los de alexia en general, implican lesiones o alteraciones biol√≥gicas en este sector, que funciona como un puente que favorece la integraci√≥n de la informaci√≥n visual de las formas de las cosas que vemos (sobre todo, las letras), con informaci√≥n fonol√≥gica, es decir, del sonido de las palabras‚ÄĚ, a√Īade Garc√≠a. Adem√°s, mediante estudios realizados con una t√©cnica de electro-encefalograf√≠a de alta densidad y el registro de potenciales evocados, se logr√≥ detectar cu√°l es el curso temporal de la lectura de una palabra. ‚ÄúCuando lees una palabra, ten√©s que reconocer la forma visual, acceder a la informaci√≥n fonol√≥gica, interpretar su significado y ver c√≥mo se inserta en el marco de un oraci√≥n para entenderla. Con estas t√©cnicas, uno puede ver c√≥mo distintos cambios en las se√Īales el√©ctricas del cerebro se van dando en distintos momentos seg√ļn anipulaciones experimentales que ponen en juego cada uno de esos niveles‚ÄĚ, explica.
Por ejemplo, m√ļltiples estudios indican que a la informaci√≥n fonol√≥gica de una palabra se accede a los 130 o 150 milisegundos despu√©s de ser le√≠da y que se accede a la informaci√≥n sem√°ntica luego de unos 400 milisegundos. Sin embargo- se√Īala Garc√≠a-, investigaciones recientes revelan que comenzamos a procesar aspectos centrales del significado incluso mucho antes.
Se lee con toda la experiencia
Otra cosa que Garc√≠a se encuentra estudiando es c√≥mo el cerebro interpreta las palabras que ve. Lo que se constat√≥ es que los vocablos ponen en juego circuitos cerebrales que tienen que ver con la experiencia de mundo. Por ejemplo, hay estudios previos de otros equipos que mostraron que si se leen palabras que tienen carga olfativa fuerte, como ‚Äėcanela‚Äô o ‚Äėlavanda‚Äô, u olores nauseabundos, se producen picos de actividad en circuitos especializados para el procesamiento olfativo. Del mismo modo, cuando se leen verbos de acci√≥n, que se refieren a movimientos corporales, como ‚Äėsaltar‚Äô o ‚Äėcomer‚Äô, hay picos de actividad en los circuitos motores del cerebro, esos mismos que permiten mover los pies o la boca. Muchas teor√≠as propusieron que el significado de las palabras no ten√≠a nada que ver con otro tipo de sistemas cerebrales, como si el lenguaje dependiera de mecanismos aislados del resto de los dominios neurocognitivos. Sin embargo, aqu√≠ queda en evidencia que leer una palabra pone en juego toda la maquinaria cerebral que sustenta la experiencia en general, en todas sus formas. ‚ÄúHicimos varias cosas con esto: En cuanto a los verbos de acci√≥n, trabajamos con pacientes con Parkinson y cuando ellos los leen, les cuesta mucho procesarlos, m√°s que cuando se trata de otro tipos de palabras. Esta enfermedad se caracteriza por trastornos del movimiento, ya que los circuitos motores del cerebro est√°n afectados, lo cual refuerza la idea de que la informaci√≥n ling√ľ√≠stica, y en particular el significado de las palabras, depende de mecanismos que cumplen funciones mucho m√°s generales y que median nuestra experiencia sensoriomotriz‚ÄĚ, explica.
¬°Atenci√≥n, biling√ľes!
Otra l√≠nea de investigaci√≥n que sigue Garc√≠a apunta a caracterizar los procesos de lectura en las personas biling√ľes (sobre todo, en hablantes nativos de espa√Īol que tienen como segunda lengua el ingl√©s). Algunos procesos de lectura, comenta Garc√≠a, se modulan espec√≠ficamente por aspectos distintivos del biling√ľismo. Por ejemplo, las palabras que se denominan ‚Äúcognados‚ÄĚ (es decir que significan lo mismo en una lengua y en otra, pero que adem√°s suenan parecido, como ‚Äėc√°mara‚Äô y ‚Äôcamera‚Äô o ‚Äėmicr√≥fono‚Äô y ‚Äėmicrophone‚Äô) se procesan significativamente m√°s r√°pido que las ‚Äúno cognadas‚ÄĚ. As√≠, el tiempo de lectura de una palabra como ‚Äėc√°mara‚Äô ser√° distinto para una persona que s√≥lo habla espa√Īol que para otra que, adem√°s, habla ingl√©s. ‚ÄúNosotros estamos usando una t√©cnica que se llama conectividad funcional para ver c√≥mo distintas √°reas cerebrales se interconectan e intercambian informaci√≥n durante procesos de lectura. Algo interesante que hemos observado es que en lengua nativa hay una gran co-activaci√≥n de √°reas que se dedican a procesos autom√°ticos, no controlados ‚Äďcosas que el cerebro hace sin poner demasiado esfuerzo consciente- pero, cuando se leen palabras en ingl√©s, incluso en personas de alta competencia, hay una mayor integraci√≥n de √°reas cerebrales que est√°n especializadas en procesos controlados que suponen mayores costos de procesamiento. ‚ÄúIncluso una misma tarea, de lo m√°s sencilla y en apariencia universal, pone en juego mecanismos cerebrales distintos si la realizamos en nuestra lengua materna o en otra lengua que manejamos bien‚ÄĚ, dice Garc√≠a.
Leer: un acto cimentado en toda nuestra experiencia
En resumen, este tipo de investigaciones permiten desentra√Īar las m√ļltiples andanzas biol√≥gicas de la lectura. Cuando leemos una palabra, una frase o una oraci√≥n, sentimos que ‚Äúlo hacemos de un saque‚ÄĚ. Las neurociencias, de la mano de otras disciplinas, revelan que ese acto implica m√ļltiples niveles de procesamiento. La lectura es un proceso especializado y complejo que en menos de medio segundo atraviesa diversas etapas y que supone la integraci√≥n de informaci√≥n distribuida a lo largo y ancho del cerebro. Sobre todo, la lectura recurre a sistemas que median nuestra experiencia con el mundo y, m√°s aun, se ve modulada por las experiencias a las que nos sometemos. Al leer, incluso si se trata de un texto m√≠nimo, breve y trivial, el cerebro recurre a toda nuestra historia vital para hacerlo.
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