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15 diciembre, 2017

“La deserción universitaria es un problema global”

compilacion elena farah
Jesús Arriaga Educación
El especialista español asegura que esta situación debe ser abordada en conjunto entre instituciones secundarias y de nivel superior. Subraya que el abandono es un indicador de la calidad educativa. Jesús Arriaga asegura que el mejor remedio para combatir la deserción de los universitarios es que la enseñanza y las instituciones se centren en los estudiantes, que se sientan parte, comunidad. Así, opina el catedrático, el aprendizaje se hace más rico y fecundo. Arriaga es doctor e ingeniero en Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid. Lideró el Proyecto Guia (Gestión Universitaria Integral del Abandono), un programa que

busca reducir la deserción en las universidades. Para ello, trabaja en cuatro ejes: el conocimiento de las causas para predecirlo, la evaluación y difusión de buenas prácticas, la integración en los programas institucionales de mejora y el compromiso de los agentes involucrados. Arriaga asegura que el abandono no es fruto de la improvisación, que hay circunstancias que lo anuncian o lo provocan. El académico participó de la Séptima Conferencia Latinoamericana sobre el Abandono en la Educación Superior (VII Clabes), que se realizó en la Universidad Nacional de Córdoba y dialogó con La Voz.

–¿Cuándo la deserción se convierte en un problema?
–Existen diferentes tipos de abandono. No es lo mismo el abandono de una persona que se cambia de una universidad a otra, que el abandono de una persona que estudiaba ingeniería mecánica y ahora va a estudiar ingeniería eléctrica. Podríamos hablar de cuatro o cinco tipos de abandono, los cuales llevan asociados causas y efectos distintos. En Argentina, por ejemplo, se considera abandono a la persona que se ha preinscripto (para ingresar), pero luego no asiste al aula. Pero desde un punto de vista académico, eso no es un problema. El problema empieza a surgir cuando las personas abandonan el mundo académico por cuestiones económicas, por ejemplo. Ahí debemos centrar las actuaciones y las ayudas.
–Se suele citar la pobre preparación con la que se egresa del secundario como una de las causas centrales de abandono. ¿Cómo se pueden articular ambos niveles educativos?
–Este es uno de los campos de acción más importantes. Parece claro que, salvo cuestiones económicas o de salud, el abandono no es fruto de la improvisación. Cuando se hacen análisis predictivos en estudios de investigación, se ve que hay etapas previas al abandono. Ese es un problema compartido. La gente viene mal preparada, pero tampoco hay una adaptación real de sus condiciones, no sólo académicas sino personales. Es un mundo complejo en el que hay que trabajar.
–¿La deserción es un indicador de la calidad educativa?
–Contestaré subjetivamente, aunque primero habría que definir calidad. Desde mi punto de vista, hay paralelismo total. ¿En qué hay que basarse para reducir el abandono? Hay que centrarse en el estudiante. Eso tiene dos efectos: que el alumno se siente parte de una comunidad dentro del ámbito universitario y tiene menos tendencia al abandono y, por otra parte, es un aprendizaje más rico.
–¿Qué recomendaciones daría para reducir el abandono?
–El abandono se ha estudiado mucho y el que quiere un recetario de buenas prácticas lo va a encontrar. Cada centro puede ser distinto. Si tuviera que decir dos cosas generales, señalaría en primer lugar que el estudiante no es sólo el problema, sino parte de la solución. Debería formar parte de las medidas para reducir el abandono. Hay programas de “mentorías”, donde un estudiante avanzado da apoyo, habla con el alumno nuevo. Un factor importante es que el alumno se sienta comunidad. La otra es que, se resuelva institucionalmente, porque tiene poco valor la acción individual. Tiene que abordarse desde un punto de vista global. Las medidas que se tomen tienen que tener consecuencias, tienen que estar incrustadas dentro de los mecanismos de garantía de calidad, tienen que formar parte de la cultura de la Universidad.
–En la Argentina, a las personas de los estratos sociales más pobres les cuesta llegar a la Universidad. Y los que llegan tienen dificultades para sostenerse. ¿Qué ocurre en otras partes del mundo?
–Eso es como la gravedad: es un problema universal. Si los padres son universitarios, es más probable que los hijos sean universitarios y permanezcan (…) No es lo mismo el estudiante de padres universitarios a la primera generación de universitarios. Debe haber acciones de refuerzo a esos colectivos con más riesgo. Lo ideal es que se venga trabajando previamente.
–La deserción es una preocupación global.
–Es una preocupación global, sí. Muchas veces también es una preocupación de campaña electoral. ¿Eso se transforma luego en políticas? Depende. Esto es una política a medio plazo y las de medio plazo no son las que interesan a ciertos políticos porque no tienen consecuencias inmediatas. Lo primero es “invertir en”, contratar más profesores, dar más apoyo. Los resultados llevan años.
“Podríamos hablar de cuatro o cinco tipos de abandono con causas y efectos distintos”.
Quién es Jesús Arriaga
Es profesor e investigador de la Universidad Politécnica de Madrid e integrante del Comité Científico de Clabes, un evento que reúne a profesores, estudiantes y otras autoridades educativas para debatir sobre la calidad de la enseñanza y, particularmente, el abandono de los estudios durante la formación.

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