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9 agosto, 2017

CONTROVERSIAS EN PSICOANÁLISIS DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

Breve ensayo para pensar la transgresión adolescente
Philippe Gutton

Resumen
La adolescencia es una creación subjetiva o identitaria.
La trasgresión no consiste sólo en liberarse de una prohibición superyoica individual o
social, sino que implica el bloqueo del trabajo de subjetivación debido a un peso excesivo de la
organización narcisística. Para pensar la transgresión en la adolescencia, primero tengo que resumir el
marco teórico que utilizo con ciertas afirmaciones lapidarias inspiradas en los
pensamientos de P. Aulagnier (1975). El adolescente, verdadera tercera tópica, es un conjunto de procesos de creación identitaria o subjetiva, inmerso en lo que llamo “la situación antropológica fundamental de la adolescencia” (Gutton, 2014).

Es una etapa conflictiva, léase crítica, porque su objetivo implica comprometer dos
figuras antagónicas: el “tener” (el poder o el empoderamiento) y el “ser con”;
digamos, de manera más precisa, las exigencias del narcisismo con su investidura
edípica fálica y la identitaria con su eje primario estructurado por el hilo rojo de la
unidad fundamental originaria (madre-bebé). Toda creación es transgresora. Aquí presento el razonamiento con el que trabajamos:

1. La base de la identidad es la metamorfosis puberal. Vuelvo a la teoría del
“púber” (Gutton, 1991) que profundizo regularmente desde
la década de 1980, no solamente como el acceso a la genitalidad corporal “sexuada” sino, a través de
ella, la revelación de una complementariedad “sexual” (“el otro sexo”) en los lazos
de amor con el otro; la construcción más o menos efímera del “nosotros” enamorados. El púber (Gutton, 1991), tal como lo trabajamos en la URA en la década de 1980, tiene un doble sentido:
-Los signos de la complementariedad innata de las zonas erógenas y de los
cuerpos sexuados, “el otro sexo”, la persona del sexo opuesto,
el partenaire, “el otro del otro sexo” (Lesourd, 2007).
-El sentido, en profundidad, de la complementariedad del amor, “el ser con”,
lo íntimo
-éxtimo del ser viviente, el “existir” según E. Levinas (1961). Eros en
tanto fuerza de enlace y cohesión de uni
dad. ¿Buscar el sentido a través de los signos no sería sublimar? ¿El adolescente
puede sublimar solo? Pienso que no. Sublimar con el otro. ¿Qué otro? P. Aulagnier
(1984) nos muestra la importancia del trabajo del historiador y del compromiso
entre el pasado y el presente. Lo “inasible entre dos” (Pontalis, 1973) se revela
posiblemente en el seno de lo sensual puberal como el “eterno retorno” de la
unidad identitaria primaria que se origina en la relación madre
-bebé (“la seducción generalizada”). La alteridad puberal retoma de otra forma el momento fundador.
Vínculos singulares encontrando
-reencontrando una alteridad de pareja se asocian y se construyen sobre la base primo
-originaria despertando lo histórico inconsciente de los recuerdos, de las vivencias,
de las aprobaciones imaginarias, del vínculo maternal primario: la “estructura continente”, según A. Green. Es imposible creer en uno mismo en el presente sin creer en otro del pasado y del
presente (alteridad). La unidad identitaria es en plural (sin desi
gualdad), de más de un otro. La identidad es una construcción entre
-dos, que se engaña con el narcisismo creyéndose único. En un reciente libro (Bordet y Gutton, 2014),
examinamos cómo el ideal de los lazos democráticos podría nacer en la pubertad
y cuántos obstáculos vinculados con la desigualdad encuentran; no nacemos
democráticos, pero nos podemos transformar… durante la adolescencia.

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