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9 julio, 2015

FORTALEZAS Y VULNERABILIDADES REFERIDAS A LA DEPRESIÓN

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

Evocar sucesos pasados que nos hicieron sentir bien, parece ser un poderoso antídoto para combatir la depresión e incluso prevenirla. En los malos momentos, agarrarse a los buenos recuerdos puede evitar que caigamos en el trastorno del ánimo más frecuente, que se ha convertido ya, en la segunda causa mundial de discapacidad. O si ya hemos caído, puede ayudarnos a salir de ese oscuro panorama. Al menos, es lo que ha comprobado un equipo de investigadores del

Instituto Tecnológico de Massachussets, que ha se ha propuesto desentrañar los circuitos neuronales en los que descansa la memoria, aplicando las técnicas más modernas de las que dispone hoy la neurociencia. Su trabajo se publica en la revista Nature. Los investigadores han demostrado que la reactivación artificial de un recuerdo positivo puede suprimir los efectos de la depresión inducida por el estrés. Es más, han visto que revivir mentalmente esa experiencia, es más efectivo como antídoto contra la depresión, que experimentar el suceso de nuevo. Las neuronas se activan y el recuerdo se hace accesible. En esta ocasión, esas neuronas forman parte del giro dentado, una parte del hipocampo implicada en la formación de recuerdos (ambos núcleos centrales del cerebro). Después de haber deprimido por una experiencia estresante durante diez días, los investigadores vieron que sólo al activar el grupo de neuronas que contenían el recuerdo positivo se recuperaban de los síntomas de la depresión, principalmente la pasividad y falta de interés por actividades agradables. Y bastaban cinco días de “luminoterapia” para lograr eclipsar los efectos del estrés acumulados durante diez días. Lo curioso es que se hacían resistentes a nuevas situaciones de estrés, ya que no lograban ahora deprimirse nuevamente. Además del hipocampo, importante también en la regulación del estrés, los investigadores vieron que había otras zonas del cerebro implicadas en esa recuperación, como la amígdala (que “gestiona” el miedo) y el núcleo accumbens (que forma parte del sistema de recompensa del cerebro, el del placer). Lo que significa que en estos casos, el recuerdo tiene un poder sanador más intenso que vivir la propia experiencia. Además de proteger contra la depresión, o quizá por eso, recordar los buenos momentos, restaura la producción de neuronas nuevas, que disminuyendo la exposición al estrés. Contrariamente a lo que he expuesto, en el Journal of Affective Disorders, han estudiado que la afectividad negativa (AN) es un factor de vulnerabilidad para los síntomas depresivos y de ansiedad. Sin embargo, el mecanismo a través del cual este proceso se lleva a cabo aún no se ha averiguado plenamente. Se cree que la “rumiación”, que es un proceso de pensamiento negativo, es un posible candidato en la asociación entre la afectividad negativa y los síntomas de depresión y ansiedad. La rumiación es una característica de las personalidades obsesivas, le dan vuelta y vuelta a las mismas ideas (obsesiones), piensan, pero le cuesta actuar, el pensamiento que debería ser una preparación para la acción y para evaluar y tomar decisiones, se convierte en algo que absorbe toda la energía de la persona, como un fin en si mismo, volviendo siempre sobre lo mismo, que nunca puede decidirse estar convencido por algo; si lo hace siempre duda de haber hecho lo indicado; da mucho sufrimiento, y en muchas ocasiones amerita una consulta profesional. Por otra parte, un avance importante en la comprensión de la rumiación, es la identificación de una estructura de dos factores, con los subtipos “cavilación” y “reflexión”. Por lo tanto, el presente estudio trató de aclarar los efectos de la cavilación y la reflexión en las relaciones entre AN y los síntomas de depresión y ansiedad, a través de cuestionarios de auto-informe sobre rumiación, AN y síntomas de depresión y ansiedad. El estudio fue en una muestra de 77 pacientes psiquiátricos entre 30 y 40 años de edad. Las expectativas del estudio, fueron las cavilaciones, la reflexión, el AN y los síntomas de ansiedad y depresión, a las que correlacionaron sustancialmente entre sí. Tanto, las cavilaciones como la reflexión mediaron por completo la asociación entre el AN y los síntomas depresivos. Sin embargo, la relación entre el AN y la ansiedad no fue mediada por las cavilaciones o la reflexión. El presente estudio mostró que un constructo temperamental del AN predice significativamente las cavilaciones y la reflexión, y estos a su vez, predicen los síntomas depresivos, pero no los de la ansiedad. Por lo tanto, una afectividad negativa en un constructo temperamental, puede estar más relacionado con la ansiedad que con la depresión. Las conclusiones de todo lo referido nos lleva a pensar que, si bien hay mecanismos para disminuir la exposición a la depresión, tenemos otros que la hacen más vulnerables, y a ambas hay que darles importancia, tanto personal como terapéuticamente.
DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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