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26 junio, 2015

BASE NEUROLÓGICA DE LOS SENTIMIENTOS

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

Sigo a Antonio Damasio, que dice “Los sentimientos son experiencias mentales de los estados corporales”. La supervivencia depende de que la fisiología del cuerpo se mantenga dentro de determinados valores estables (homeostasis), para conservarla es necesario detectar con rapidez los cambios perjudiciales y aplicar respuestas que corrijan esas condiciones. Los sentimientos parecen captar

la naturaleza favorable o desfavorable de una situación funcional, como una “experiencia vivencial”, facilitando el aprendizaje de las condiciones responsables de los desequilibrios, de lo que tendría que ser estable y sus correcciones respectivas, así como la anticipación de las condiciones adversas o favorables futuras. De este modo, los sentimientos proporcionarían un nivel accesorio de regulación de la conducta. Una de las características más importantes de los sentimientos es su valencia intrínseca. En la psicología, la valencia da cuenta de la atracción (valencia positiva) o aversión (valencia negativa) que provoca un determinado objeto o situación. El concepto también se usa para clasificar las emociones. El miedo, la tristeza y la ira, por ejemplo, tienen valencia negativa, mientras que la alegría o el entusiasmo tienen valencia positiva. Cuando existe un conflicto entre valencias positivas y negativas, se habla de ambivalencia. Este hecho explicaría el motivo por el cual el organismo sigue la orientación proporcionada por un sentimiento, ya que la aparición de los sentimientos fue simultánea con el de la mente. Los organismos que percibieron sentimientos, por primera vez en la evolución, fueron conscientes de algunos aspectos de su propia existencia; y permitieron establecer niveles más desarrollados de la cognición y la conciencia, culminando en la mente del ser humano actual. La sensatez de los estados emocionales también es importante desde el punto de vista biomédico, ya que los problemas clínicos y de la salud pública importante en la actualidad, como la depresión, la adicción a drogas y el dolor de difícil tratamiento, se relacionan con los sentimientos, y son un componente trascendental de los mecanismos de regulación de la vida. Por lo que la investigación de la fisiología de los estados mentales parece relevante desde el punto de vista biomédico. En la evidencia científica adecuada, se encontró que los sectores filogenéticamente recientes del sistema nervioso, como la corteza cerebral, que si bien parecen contribuir, no serían esenciales en el aparecimiento de los sentimientos, porque es probable que su origen se encuentre en las regiones más antiguas, como el tronco cerebral. Esto sugiere que los sentimientos no son exclusivos de los seres humanos, ni siquiera de los mamíferos. Por un lado, los sentimientos incluyen la sed, el hambre y la falta de aire (el impulso de respirar), diferentes tipos de placer y dolor, el asco, el miedo, la tristeza y la alegría; también incluyen respuestas sociales complejas, como el desprecio, la vergüenza, la compasión y la admiración. Cuando los sentimientos retratan un estado interno, como el hambre o la sed o se manifiestan por una situación externa, por ej., la compasión o admiración, sus contenidos mentales dominantes describen un estado del cuerpo en el cual la condición de las vísceras, el corazón, los pulmones, el intestino y la piel desempeñan un papel clave. Desde esta perspectiva, se plantea que los sentimientos, accesibles solamente para el organismo en el que se producen, proporcionan una experiencia subjetiva de los procesos de regulación de la vida. Según esta conceptualización, afín a la idea de que los mecanismos neuronales son capaces de generar sentimientos, se propuso por primera vez que los sentimientos se originarían a partir de la detección de los estados corporales. Entre los procesos fisiológicos que pueden suceder en el subconsciente se encuentran la regulación de la frecuencia cardiaca, la modulación de las funciones hormonales, el ajuste de la contracción del músculo liso, la regulación de la inmunidad, los cambios anatómicos relacionados con emociones específicas y sus expresiones faciales. Los sentimientos también parecen facilitar el aprendizaje de las circunstancias que rodearon un cambio en el estado de cuerpo; en tanto que la aplicación de esos conocimientos a la predicción de situaciones futuras puede aumentar la flexibilidad de la conducta, sobre todo en contextos complejos del comportamiento como la familia disfuncional. En síntesis, los cambios corporales se manifiestan continuamente en el Sistema Nervioso Central (SNC), específicamente en el tronco cerebral superior (es la más primitiva) y la corteza cerebral (que es la más reciente), en un dinamismo permanente. “Somos olas cuya inmovilidad es el no ser. A causa de esta falta de descanso estamos vivos” (Kalim)

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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