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22 diciembre, 2014

FIESTAS DE FIN DE AÑO: ALEGRÍA Y/O TRISTEZA LATENTE

DR EDUARDO MEDINA BISIACH

Cuando nos planteamos escribir un artículo sobre las fiestas de fin de año, no pudimos sortear un acento nostálgico ante la proximidad de las mismas. Es que, los que estamos trabajando asiduamente compartiendo con

seres humanos, lo observamos como un período colmado de gran sensibilidad tanto positiva como negativa, y que en términos de salud mental se la ha estimado como un periodo especialmente de riesgo para aquellas personas que sufren de depresión, ya que posibilitarían la puesta en escena de una gran depresión. Palabras como “Navidad”, son como prototipos que restituyen la imagen semántica, pues más que otros significados, su raíz simboliza un penetrante sentimiento, y que lo puede exasperar y potenciar al ser un periodo de tiempo prolongado y exclusivo. Los símbolos y mensajes alusivos a la Navidad están presentes en todos los medios de comunicación convirtiéndose en un factor adicional difícil de eludir. Tenemos nosotros, uno como especialista en salud mental y el otro como educadora, hacer ver a los pacientes y alumnos respectivamente, que en muchos casos la felicidad es aparente y que puede haber una tristeza latente. No siempre todo es como parece. La idea de felicidad que aparece en esos mensajes comunicacionales, no tiene nada que ver con la realidad que viven muchos individuos y familias con problemas, ya sean económicos, personales, laborales, de pareja, etc., pero con mayor intensidad en aquellas personas que sufren de depresión mayor; un sentimiento de dolor ante algo que la memoria busca recuperar, y de esa búsqueda solo queda el fruto de la añoranza. No estamos hablando de un estado depresivo leve, nos referimos a la tristeza mayor que invade a esas personas en la época navideña. Generalmente se desata, en parte, por los requerimientos y obligaciones de dar regalos (haciendo caso omiso a la mala economía), acudir a varios compromisos, intentar siempre verse bien, además de excesos de desvelo, bebida y comida. La navidad es la fiesta más grande del año. En la navidad todo es exigencia, debe y tiene que ser alegría, paz, felicidad y buenos deseos ¿Es así, no? Nos preguntamos ¿Entonces porque muchas personas se deprimen en navidad? Ya los ingleses la llaman “Christmas Blues” o la “melancolía de las celebraciones”.Los traqueteos y consumos de las fiestas navideñas y los recuerdos del pasado, inducen efectos apasionados en personas susceptibles, reactivando sus trastornos latentes, y pueden ser de gran importancia como desencadenantes de procesos negativos de la vida aún no resueltos. Por suerte, la mayoría de las veces estos problemas son tenues y transitorios, y lo pueden controlar ellos mismos, pero en otras ocasiones la situación puede ser más severa. Como fin, las fiestas navideñas son “inevitables” y se revelan como una manera “dolorosa” fiesta de felicidad. Para nosotros, sería el precio que se paga por vivir en la frontera donde se palpan y se contradicen dos mundos: el pasado y el futuro. Las personas en términos generales, con sus vulnerabilidades superadas por el transcurrir del tiempo, es incitada hacia el mundo pasado. Se trata de una enfermedad del tiempo, por ir negativamente en relación al mismo. Visto de esa manera, se tiene la impresión de girar en sentido inverso a la tierra. El tiempo es y no puede ser más que una especie de “eternidad del pasado”. El pasado no pasa y no se excede. La conciencia temporal de ciertas personas está anclada en él. Sería como una precaria identidad. Un mundo perdido que no se puede recuperar, pero cuyo espíritu vaga por calles de incógnitas, iluminado por la luz debilitada de la nostalgia. Para nosotros además, es mirar hacia el futuro, es un momento de reflexión de lo que queda pendiente por hacer para uno mismo y por el otro. Desplazarnos del materialismo líquido para encontrarnos con nuestro ser, con nuestra esencia, desnudado de toda contaminación material. Siempre buscamos decodificar ese sentimiento en la mente. Porque cada persona tiene sus propios sufrimientos y sus propias alegrías. Y es en estas fiestas navideñas el esparcimiento predilecto de los actores de encuentros familiares cada año, el re-vivenciar el inventario y el balance de todo lo andado, lo que ya está, para siempre invisible: amores disolutos, lugares felices, ciudades o barrios, etc. A veces se vigoriza la negación de lo sucedido, otras veces aparece de pronto una cuestión, porque no hay acuerdo sobre las imprecisas recordaciones. Entrenamientos persistentes en contra del olvido, la porfía imperecedera de rescatar lo perdido recordando. Pero también proyectando hacia el futuro, demostrando una fe y un entusiasmo que nos hace especular que todo va a ir bien, como una profecía autocumplidora. Y todo comenzó… siendo un “festejo” navideño.

DR EDUARDO MEDINA BISIACH – LIC ELENA FARAH

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