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18 diciembre, 2014

LA ADICCIÓN ES A COMER: LOS ALIMENTOS SERÍAN ATRACTIVOS, NO ADICTIVOS

DR EDUARDO MEDINA BISIACH Los aspectos emocionales, de personalidad y familiares están involucrados en la adicción al comer, según han revelado diversos estudios realizados en 2014, entre otros aspectos, en la localización de signos cerebrales que podrían armonizar cuánto comemos. En concreto, se ha desenmascarado

que determinados receptores endocanabinoides (de placer) se encuentran en cantidad y densidad desigual en el tejido adiposo de las personas obesas. Los especialistas han acordado también que existen una serie de dispositivos neurológicos centrales envueltos en la conducta alimentaria que están recogiendo protagonismo en el control del peso corporal. En este sentido, han notificado de que se han elaborado nuevos descubrimientos conectados con agentes que se desenvuelven a nivel celular en el sistema nervioso central y que intervienen en la ordenación metabólica. Por otra parte, la medicina personalizada ha ganado terreno como el mejor camino para el abordaje de la obesidad, consintiendo diseñar intervenciones nutricionales en función de la particularidad genética y contextual de cada persona. Ahora bien, el impacto sobre trastornos asociados, como alteraciones osteoarticulares o apnea obstructiva del sueño, desparecen con relación a la pérdida de peso y pueden reaparecer si se vuelve a ganar peso. Sin embargo, la disminución del porcentaje de grasa corporal no se origina de forma paralela y depende de la capacidad del paciente para mejorar sus hábitos de alimentación y realizar actividad física. Entre otros aspectos, ha analizado los avances de los estudios sobre genes realizados para la detección de nuevos genes implicados en la alteración del crecimiento y la obesidad. Ya se han mostrado evidencias sobre sus efectos protectores frente al infarto de miocardio o el ictus cerebral y para la reversión de los síntomas del síndrome metabólico, la pérdida de peso, el aumento de la calidad de vida y la acción beneficiosa sobre otras enfermedades crónicas relacionadas con la obesidad. Entre otros, se han destacado nuevos hallazgos sobre la importancia del sistema inmunitario en el control de la obesidad. Así, se ha informado de que se ha evidenciado una interacción “insospechada” hasta la fecha, entre un tipo de células inmunitarias y las células adiposas, que actúa sobre los procesos de activación de la grasa y promueve sus efectos beneficiosos. Además en el contexto actual, el estilo de vida moderno se caracteriza por el culto al individualismo, el descrédito de la autoridad y la existencia de múltiples realidades, ha modificado la estructura de las familias. Esta estructura social impregna a las familias y la forma de enfermar de sus miembros, de forma que los TCA (Trastorno de Conducta Alimentaria) se convierten en una forma de enfermar típicamente posmoderna. Las familias TCA tienen una estructura distinta de las de un grupo de control. Tienen más antecedentes psiquiátricos y escasas habilidades de afrontamiento. Sus jerarquías están poco definidas y el liderazgo es difuso, con normas imprevisibles y rígidas, existiendo más coaliciones intergeneracionales y menos alianzas. La relación entre los padres es distante o de enfrentamiento, y hacia sus hijos tienen actitudes complacientes y egoístas, con vínculos ambivalentes y poco afectuosos, que en el caso de las madres se manifiesta con ansiedad de separación y dependencia diádica. Las expectativas que tienen para su prole son, o bien exigentes y poco realistas o bien despreocupadas, y menor control de su conducta, además de una peor organización de las comidas familiares. Diríamos que “adicción a comer”, en lugar de “adicción a la comida”, detalla con mayor precisión la conducta alimentaria de tipo adictivo. Si recojo argumentos sobre la supuesta adicción que provocan alimentos, componentes o sustancias alimenticias concretas, un trabajo concluye que con excepción de la cafeína, no existe evidencia científica que apoye la hipótesis de que los alimentos involucran mecanismos cerebrales comparables a las drogas de abuso. Los alimentos serían atractivos, no adictivos. La gente trata de encontrar explicaciones racionales para el sobrepeso y es fácil culpar a los alimentos. Es evidente que algunas personas tienen una relación de dependencia con los alimentos, al comer en exceso a pesar de ser conscientes de las graves consecuencias para su salud. Pero no hay evidencia de que los alimentos o nutrientes particulares provoquen directamente una adicción basada en una determinada sustancia. Si la adicción a comer es frecuente, indica que depende de un entorno familiar que fomenta su desarrollo. La industria alimentaria, sería cómplice no verdugo. La facilidad de acceso y una amplia exposición a la tentación de un gran número de alimentos sabrosos (y baratos), pueden implicar un riesgo elevado de desarrollar una adicción como el comer.
DR EDUARDO MEDINA BISIACH

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