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1 diciembre, 2014

¿QUIÉN ES QUIÉN EN INTERNET?

LIC ELENA FARAH

Mucho se ha dicho y escrito actualmente en relación al impacto de Internet, de las redes sociales y de los celulares en nuestras costumbres, y el tiempo invertido en este tipo virtual de “estar conectados”. Sin embargo, resta hacer mucho al

respecto, en materia de prevención, legislación y educación, según el uruguayo Marco di Segni. El avance científico y la tecnología han evolucionado a pasos acelerados, y han superado en “velocidad” nuestra capacidad de regular, definir parámetros éticos y ordenar estos fabulosos nuevos recursos, en función del crecimiento del hombre como persona, y no sólo en materia de posibilidades técnicas, que no siempre estén al servicio de aquél. Al decir de Sergio Sinay, “nos encontramos conectados, no comunicados” o “crédulos de que estamos comunicados”. Y de esos contactos, seguramente una enorme mayoría lo son silenciosos o potenciales.
Inquieta a los especialistas, el fenómeno del bullying en Internet. Las potenciales derivaciones de tal actitud, se ven enormemente desarrollados por la repercusión de las redes donde, en determinados grupos de pertenencia, cómodamente se hostiga, se cita, se eleva o se denigra. La ironía, el estilete agudo de la agresividad, resulta difícilmente tolerable para muchos jóvenes vulnerables, que se verán estimulados al suicidio ante la exhibición sarcástica ante sus pares, de la privacidad de sus vidas en las redes. Un capítulo especial lo constituyen los video-juegos. Aparte de la repercusión de los mismos, en tanto modelos de manejo de fusiles de letal luz sofisticada, el poder, la fuerza bruta, donde el arma y la explosión son elementos infaltables, encontramos además un elemento “nuevo”: el enemigo o el matador tienen varias vidas, en forma de oportunidades de continuar el juego, con lo que se puede matar varias veces, repetitivamente, y donde se vuelve a la vida para volver a matar o a ser matado (recolectando los correspondientes puntos por la hazaña -mérito). Los juegos en red convocan, de hecho, a numerosas personas y no sólo a jóvenes, por cierto. Veamos cuales son las actitudes proporcionadas por las redes. Podrían agruparse así: Ser versus tener: se muestra la posesión o se exhiben logros y riquezas sin reparar en el crecimiento personal. Pretender no ser quien se es (ocultar): la identidad fingida simbolizada en los “nicks”, consiente des-responsabilizarse en pro de una mayor, pero ilusoria, “libertad de” expresarse. Es la evasiva de la responsabilidad al amparo de la impunidad del anonimato. Pretender ser quien no se es (aparentar, engañar): accede revelar una mejor imagen o más aceptada, según los códigos de pares que parecen reinar en la virtualidad. Pretender estar virtualmente en todos lados (ubicuidad): con el poder que supone (con la consecuente ilusión de inmortalidad), sin estar presencialmente en ninguna parte. Compromiso versus “complicación”: ’Yo sí, pero sin compromiso’, se anuncia. Quienes publican, escriben o proponen suelen declarar directa o indirectamente que no se complican, lo cual significa que no se comprometen; es decir, que no se complican en la tarea creativa de la comunicación y la relación, por ende faltante. ¡Compliquémonos, pues! Desatar libertad de responsabilidad nos convierte en irresponsables. Síndrome de la farándula: Se presentan modelos exitosos que enaltecen la eterna juventud y el dinero. Resignación: “Es lo que hay”, suele decirse, o “No seas gil”, cuando de defender derechos se trata.”. Modelos impuestos desde la publicidad: Lo ideal es ser lindos, rubios, ricos y sanos. Relativismo moral: Diferente a la relativización, el relativismo moral converge en una ética de conveniencia donde cada cual se crea la norma a su medida. Encubre la evitación del compromiso, diluyendo las decisiones en una líquida masa ética versátil que se adapta a todo. Permisividad: Como “todo vale”, no se colocan límites claros a nuestras acciones ni a la de nuestros hijos. Impunidad: Es el “No pasa nada”. ¿No nos corresponde tener cierto control ético mínimo, sin negar que la evolución ética discurra paralela a la evolución lingüística y cultural? ¿No nos compete a nosotros, alertar los parámetros éticos de las generaciones que se forman con la computadora en la mano? “Todo avance científico es bueno, pero su validez ética depende de la intencionalidad y de los resultados buscados por quienes lo usan” ¿No será necesaria también aquí una “Ética de Mínimos”? al decir de Adela Cortina. Si la historia corre y la ética y el lenguaje adoptan formas cambiantes con aquélla ¿No deberíamos “educar la cultura” cibernética y lingüística, para no estar conectados y expuestos al vacío ético, de modo que cambiar no signifique empobrecimiento? Entonces así sí, disfrutaríamos de las posibilidades maravillosas que nos ofrece la ciencia.

LIC ELENA FARAH

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